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UNA APROXIMACIÓN A LA OBRA DE DENIS JOHNSON

El pozo de la vida y la muerte

Por Francisco Melgar Wong

En Tree of Smoke, la última novela de Denis Johnson (galardonada con el National Book Award 2007), presenciamos el fallido ataque que un joven guerrillero emprende contra un templo budista en Vietnam del Sur. Luego de varios minutos de tensión, provocados por la granada que el muchacho ha arrojado a un cuarto lleno de monjes, soldados estadounidenses y civiles allegados al templo, el Coronel Sands (uno de los personajes emblemáticos del libro) toma el explosivo entre sus manos y lo deja caer en un pozo de agua a pocos metros del lugar. "Si la granada llega a explotar, el agua se enturbiará", le dice el Coronel a un monje, quien con suma tranquilidad le responde: "Pero luego volverá a calmarse". Líneas más adelante vemos a Nguyen Hao, uno de los moradores del templo, dar vueltas en su cuarto sin poder dormir; Hao piensa en su esposa enferma, en su sobrino muerto, en la guerra que desmorona su país y, víctima de la inquietud y de la sed, decide dar un paseo. "Tanteó el suelo con los pies, encontró sus sandalias y se dirigió al pozo para beber de sus oscuras aguas," dice el narrador. "Ya nada podía hacerle daño. Había vivido, había conocido el amor, había sido objeto de auténtica generosidad. ¡Una vida con suerte!".

La súbita revelación que asalta a Hao en esta escena de Tree of Smoke, su aceptación de que la vida florece enmarcada por la muerte y la fatalidad (sabemos que la granada sigue en el pozo esperando estallar, pero él va a servirse un vaso de agua de todas formas), es un momento que se repite a menudo en los libros de Denis Johnson. Al igual que Nguyen Hao, personajes como el 'Cabeza Jodida' de "Hijo de Jesús" o el profesor Mike Reed de "El nombre del mundo", se ven obligados a beber de los pozos más oscuros del destino para refrescar sus almas y seguir adelante con sus vidas. El mismo Johnson, a pesar de la fama y el dinero que sus libros le han dado, no puede evitar salir a pasear por campos minados reales para no olvidar las verdades que rigen nuestra existencia. Vale la pena resaltar que el año pasado el novelista no asistió a la premiación de Tree of Somke porque estaba dando vueltas por Irak, escribiendo un reportaje sobre el conflicto que asola a ese país. Su criticada ausencia en la entrega del National Book Award puede ser significativa si recordamos las palabras de Mike Reed al final de El nombre del mundo, cuando (después de la muerte de su mujer y de su hija) abandona el puesto de catedrático en una prestigiosa universidad estadounidense para sumergirse en el oscuro corazón de una guerra al otro lado del mundo. "Volé en helicópteros sobre el desierto y sobre el fuego de batallas entre tanques", dice, "a través del humo negro que cubre un mundo en el que las pústulas de los pozos de petróleo parpadean señales de angustia y desesperanza, floté allí como la presa entre las garras de un halcón, por encima de un planeta desnudo con nada en la superficie salvo dos o tres caminos y una guerra; y así he continuado desde entonces, día tras día, viviendo una vida que no ha dejado de parecerme absolutamente formidable".

El gran tema en la obra de Denis Johnson es la posibilidad de potenciar la vida a pesar (o a través) de la desolación y la violencia, y ese motivo encuentra su mayor expresión en Hijo de Jesús, colección de cuentos que publicó en 1992. El escenario del libro es un puñado de edificios abandonados, trenes suburbanos, sórdidos bares y clínicas de rehabilitación; los personajes son drogadictos y delincuentes paralizados por la desesperanza y un irreprimible deseo de autodestrucción. No sabemos cómo llegaron hasta este punto en sus vidas, pero no hay duda de que ahora son presas de la desesperación y la locura: "Si abriera tu cabeza y pasara por ahí dentro, a través de tu cerebro, uno de esos hierros al rojo vivo que se usan para soldar, yo podría convertirte en alguien así", dice Johnson al finalizar uno de los relatos.

El libro empieza con un tono despiadado, pero, poco a poco, la violencia cede espacio a una profunda nobleza. En un cuento, al recordar a la mesera que lo atendía en la peor época de su vida, 'Cabeza Jodida' confiesa: "Se inclinaba sobre el vaso como un colibrí sobre una flor. Volví a verla mucho después, no hace tantos años, y cuando le sonreí pensó que estaba intentando flirtear. Pero era porque me acordaba de ella. Jamás te olvidaré. Tu esposo te azotará con un cable alargador y el autobús se irá antes de que lo alcances dejándote en la esquina con lágrimas en los ojos, pero tú fuiste mi madre".

En los libros de Johnson no importa si eres un soldado estadounidense, un terrorista árabe, un profesor o un drogadicto, la situación más terrible (ya sea la guerra, la tristeza o el resentimiento hacia uno mismo) esconde siempre una posibilidad de redención; solo hay que mirar con valentía las profundidades del abismo, hasta que aparezca allí nuestro rostro (que es el rostro de todos), como una luminosa constelación de estrellas en el cielo nocturno después de una tormenta. Es allí, en ese lugar en el que la muerte es asimilada como una parte inseparable de la vida, donde los personajes de Johnson encuentran tranquilidad y salvación. Como dice 'Cabeza Jodida' al final de Hijo de Jesús:

"Todos estos tipos tan raros, y yo mejorando día a día, en medio de ellos. Nunca habría sabido, jamás hubiera imaginado, ni siquiera en el lapso que hay entre un latido de corazón y el siguiente, que podría llegar a existir un lugar para gente como nosotros".

JOHNSON EN LIMA
En "Hijo de Jesús", una novela fragmentada en once relatos relacionados entre sí, Denis Johnson se vale de un lenguaje salvaje, seco, cortante y la vez profundamente lírico para contarnos el calvario que experimentan 'Cabeza Jodida' y sus amigos en un submundo de drogadicción, delincuencia y miseria. Perdedores, enfermos, asesinos y farmacodependientes llenan estas inolvidables páginas con sus historias de odio, muerte y redención. La mejor reseña que este libro jamás ha recibido se encuentra en el título de otra novela de Johnson: "La resurrección de un hombre muerto". Que así sea.

IMPRESCINDIBLE 
Una de las mejores novelas de Johnson. Lo que a primera vista parece la apacible historia de una comunidad universitaria estadounidense (reuniones de intelectuales en torno a una hoguera, nobles proyectos de facultades humanistas) se convierte en al angustiante recorrido del profesor Mike Reed (un hombre mentalmente quebrado por la brutal muerte de su mujer y de su hija) quien suele tener conversaciones imaginarias con algunas personas del campus en el que trabaja. Una epifanía inesperada lo llevará de las aulas universitarias a los aviones que bombardean Bagdad.

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