Por David Rivera del Águila. Economista [Editor]
Siempre es grato conversar con el ex primer ministro Pedro Pablo Kuczynski (PPK), entre otras cosas, por la tranquilidad con la que se maneja frente a las críticas, que rara vez llegan a mortificarlo.
Luego de nuestros cuestionamientos --allá por el mes de diciembre del año pasado-- a la forma en que se había decidido priorizar la exportación del gas de Camisea durante la gestión del gobierno anterior (el apoyo de esta administración era prácticamente inevitable), PPK expresó en una radioemisora local que tanto el ex ministro de Energía y Minas, Carlos Herrera Descalzi, como la posición de esta sección estaban poniendo en riesgo un proyecto importante para el país.
Semanas después, en un debate sobre la caída del tipo de cambio y su efecto en los exportadores organizado por ÁDEX y la SNI, nos encontramos con Kuczynski, quien en un tono muy cordial nos dijo "tenemos que conversar sobre el proyecto de exportación del gas", y comenzamos ahí mismo. Como el tiempo nos iba a quedar corto y resultaba interesante y necesario recoger su posición sobre el tema, acordamos una entrevista, la cual finalmente se realizó hace un par de semanas y fue publicada en nuestra edición del sábado último.
Dado que la conclusión del estudio de Glenn Jenkins sobre Camisea abre un campo de discusión amplio, debido a los supuestos que involucra (afirma que el gas tenía un valor mayor para el Perú, incluso dejándolo en el campo antes que exportándolo), recogeremos solo tres aspectos que consideramos importantes de la conversación con PPK.
El primer punto es: si ya desde los años 90 Shell hablaba del desarrollo de una industria petroquímica, ¿por qué en el 2004 no se evaluó esta opción como una alternativa a la exportación del gas? La respuesta de Kuczynski es que, por entonces, la industria petroquímica en el mundo estaba pasando por serios problemas, debido a los bajos precios internacionales, con empresas que quebraban en todo el mundo y, por lo tanto, pocas posibilidades de que hubiesen suficientes compañías interesadas en venir al Perú que, por lo demás, por entonces no era el país atractivo que es hoy en día. Entonces, si eso era así, ¿por qué Petrobras se encontraba buscando activamente desarrollar un proyecto petroquímico por estos lugares? Porque esta transnacional de capitales brasileños estaba mirando más allá, más a largo plazo, tal vez sin saber que los precios internacionales de los productos petroquímicos llegarían hasta donde están hoy, pero sí consciente de que la coyuntura crítica por la que pasaba esta industria en aquel momento era temporal. ¿Por qué no pudimos nosotros tener esa perspectiva?
La pregunta nos lleva a un segundo punto. La falta de prospectiva y planificación, en este caso en particular sobre qué hacer y cómo gestionar nuestros recursos energéticos. Como propone PPK en la entrevista, considerando que la energía --además del agua-- se ha convertido en una variable fundamental para el desarrollo de los países, en el Perú necesitamos una organización, dentro o fuera del Ministerio de Energía y Minas (MEM), que comience a analizar cuáles son las tendencias mundiales, la realidad local y regional y a diseñar una estrategia de desarrollo energético para el país, visión de la que aún hoy carecemos pese a todo el potencial que existiría en los alrededores de Camisea.
Lo cual nos lleva al tercer punto, sobre el cual PPK fue bastante claro en lo que respecta a la petroquímica. Hoy la decisión sobre qué hacer con el gas natural está básicamente en el ámbito privado y el Estado parece atado de manos para tratar de ejercer algún tipo de influencia en ello. La forma en que se ha manejado la licitación de los proyectos petroquímicos es la mejor muestra de lo dicho. Por falta de espacio no vamos a entrar en detalles, que los puede encontrar en la entrevista en nuestra página web, pero el MEM intentó establecer ciertos criterios y Pluspetrol prácticamente los mandó a rodar por un tubo. ¿Cómo es posible que el Estado, que recibe un tercio de los ingresos y que a través de los consumidores eléctricos ha financiado la construcción del ducto, no tenga injerencia alguna en las prioridades sobre qué hacer con el gas en el país?
Sobre el proyecto de exportación, lo concreto es que ya está y debe seguir en marcha, lo cual no quita que, como reconoce el propio PPK, si los precios internacionales siguen subiendo el Estado pueda plantear una renegociación de las regalías u otros aspectos del contrato, pero siempre tomando en cuenta los cambios en las condiciones que ello implica para todos, para el Estado, la empresa ofertante y los demandantes del gas natural licuado (LNG).
Queremos resaltar que todo lo anterior son nuestras conclusiones de la entrevista con PPK, la cual se desarrolló de manera alturada y sin apasionamiento alguno, tal como se debió desarrollar y se debería mantener el debate en torno a lo que estamos haciendo y deberíamos hacer con el gas (sus afirmaciones puede escucharlas en nuestra página web)
En este sentido, si bien hemos intentado recoger también de primera mano la posición del ex ministro de Energía y Minas, Jaime Quijandría, nos ha sido imposible. Conocemos que está mortificado por las críticas hechas a la forma en que se definió la exportación del gas natural, pero seguimos considerando importante para todos conocer su opinión sobre el tema y sobre qué debemos hacer con nuestro principal recurso energético mirando hacia el futuro.