Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook
EL LADO OCULTO JAVIER BENAVENTE,GERENTE GENERAL DE ABL PHARMA

La exagerada vida de Javier

MIENTRAS USTED DUERME, ÉL ESTÁ BUSCANDO QUÉ HACER. DESPIERTA A LAS 5:30 A.M., PARA LEER, ADELANTAR CHAMBA, ESTO ERA ANTES. DESDE HACE CUATRO AÑOS, ALTERARON PARA SIEMPRE SU AMANECER

Por Antonio Orjeda

Vasco tiene cinco años y tiene loca a mamá. En casa es costumbre oírla decir: "¡A quién habrá salido!"; y es costumbre también que, acto seguido, le clave la mirada a Javier. Y claro, cada vez que esto pasa, en casa, se desata el jolgorio.

"Yo era bien estre-sadito", recuerda Javier. Su madre le ha contado a los chicos cómo era él cuando estaba en la escuela. En su regla, estando en primaria, tenía pegado con cinta adhesiva el horario que él se había confeccionado. No, no era idea de maestra alguna. Tampoco doctrina familiar. Javier, porque así lo había decidido, tenía planificada su vida. Entonces, su objetivo supremo era pelotear.

Claudia (su esposa) es psicóloga, ella diría que desde entonces ya era medio esquizofrénico (ríe). "Yo no salía a jugar si no había hecho todas mis tareas: de tal hora a tal hora, tenía que haber hecho esto y aquello... Yo era un enfermito".

Repetimos: Javier no respondía a orden alguna. Esa era su voluntad.

Y bueno, Vasco tiene 5 años. Su maestra le deja 10 tareas para toda la semana, para que haga dos por día, y mamá lo ayuda. "Mamá, hagamos dos más para no hacer nada el último día". Claro, Claudia lo escucha y... "¡A quién habrá salidooo!".

HORMA DE SU ZAPATO
El estresadito creció, hoy está inmerso en el mundo farmacéutico. Siempre ha dormido poco. Desde siempre, a las 5:30 ya está despierto. Antes solía aprovechar esto para leer, para adelantar chamba.

Cuatro años atrás, en medio de un almuerzo de negocios, un cliente chileno le preguntó qué deporte practicaba. "Frontón", le contestó Javier casi para salir del paso. "Te juego mañana". Así fue y se aburrió olímpicamente. El chileno no jugaba nada. "Mañana jugamos", le volvió a plantear. Javier aceptó y, cuando al día siguiente lo vio, pensó: "Ya me fregué".

Raqueta, pelota, hasta vincha se había comprado el chileno. "Esto tiene para rato", se pesó. Así fue. Frente suyo, tenía a otro que Claudia también calificaría de medio esquizofrénico.

"Debo reconocer que al principio acepté por una conveniencia comercial, pero nos comenzamos a vincular y, si bien hicimos buenos negocios, la mayor ganancia fue que así nació una bonita amistad".

Y esta no se alteró siquiera cuando, después de un año, Javier comenzó a perder uno, dos, casi todos los encuentros.

Se había encontrado con la horma de su zapato. El chileno no solo lo llamaba todos los días a las 5:30 a.m., también pasaba por él. Hubo semanas en que no dejaron de jugar un solo día. Así fue hasta que se lesionó la rodilla. Sí, el chileno. Al día siguiente, a las 5:30 a.m., Javier no sabía qué hacer. No quería leer, menos adelantar chamba, quería jugar frontón. "Me habían malogrado el reloj biológico".

¿Qué hizo? Salió a correr, se metió a una clase de spinning. Desde entonces, cada vez que no hay con quién jugar, eso hace. En unos años --quién lo duda--, Javier tendrá un nuevo contendor. Sí, uno que ha salido igualito a él.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook