La comunidad de Santiago de Pupuja, a más de cuatro horas de Juliaca, tiene el orgullo --pese a su pobreza-- de tener una de las iglesias barrocas del siglo XVII más bellas de Puno.
Hace seis años era un nido de ratas y lechuzas, con malos olores y penumbras que parecían venir de tiempos coloniales. Pero en el 2002 llegó, en tareas de evangelización, la misionera de la congregación María Medianera, Imelda Palomino.
No le importó que no recibiera recurso alguno y se dedicó --con sus propias manos-- a limpiarla por un año entero, a movilizar la solidaridad comunal y a restaurar sus cuadros, imágenes de santos y nada menos que el altar de pan de oro, utilizando el dinero de su pensión de maestra jubilada y pidiendo préstamos a un banco, al que hoy sigue debiendo. Mientras almuerza en comedores populares a un sol el menú, Imelda continúa sus labores de restauración con tanto amor que hasta ella misma cuida el patrimonio de los ladrones sacrílegos.
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