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El imponente "Réquiem" de Verdi

CRÍTICA DE MÚSICA

Por José Quezada Macchiavello

La asociación Romanza ofreció, en coproducción con el INC, la portentosa "Messa da Réquiem" de Giuseppe Verdi, una de las obras sinfónico corales fundamentales del siglo XIX, una de las más escuchadas, además, entre las de este género y también una de las favoritas de los públicos en el mundo entero.

La ejecución estuvo a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional y del Coro Nacional bajo la dirección del maestro argentino naturalizado español Enrique Ricci, conocido y siempre apreciado por nuestro público. Actuaron como solistas la soprano española Ana María González, la mezzosoprano argentina María Luján Mirabelli, el tenor peruano Andrés Veramendi y el bajo italiano Roberto Nencini.

Los solistas no estuvieron entre ellos en el mismo nivel, y fueron evidentes en más de una oportunidad las inseguridades en lo referente al dominio de las partes, así como ostensibles diferencias en lo técnico y vocal y en el concepto interpretativo que no alcanzó una unidad. En términos individuales, la excepción fue la mezzosoprano María Luján Mirabelli, inobjetable, quien destacó plenamente en sus exigentes solos. El tenor Andrés Veramendi demostró que ha logrado un eficaz control técnico de su voz, un adecuado manejo de la dinámica y seguridad musical. Sin embargo, la gesticulación excesiva y los movimientos de manos no son adecuados para el oratorio o un concierto con una obra sacra, más aun en los números de cuarteto o trío.

La OSN respondió muy bien. Lo mismo el Coro Nacional, en términos generales, preparado por su nuevo director, Antonio Paz, salvo algunas imprecisiones rítmicas en el "Sanctus" (a ocho voces), así como en ciertos momentos de extrema potencia instrumental, en los que fue cubierto por la orquesta.

Es inaceptable observar en pleno concierto --durante los solos-- a miembros del coro conversando o haciendo gestos. Es lamentable que la mentalidad y las actitudes del mundo del 'chivo' invadan una sala de concierto y que se pierda el respeto 'quasi sacro' que un palco escénico debe tener. El orden para sentarse en algunos momentos, para entrar a escena --lo que va también para la orquesta-- es de suma importancia. Inclusive antes de la función, el escenario debe ser tomado como un lugar ritual por respeto al público y a la música.

Al margen de ello, se reconoce que Enrique Ricci conoce la obra, tiene un concepto cabal y un oficio notable para llevar adelante, en pocos ensayos, una puesta que siempre es compleja y exigente cuando está de por medio el imponente "Réquiem" de Verdi.

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