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UNA CAMPAÑA PARA ELEVAR EL TRABAJO FORMAL

Maldito empleo

Por Fernando Vivas. Periodista

El empleo decente y formal, que crece desfasado del cantado crecimiento económico, es una gran piedra en el zapato talla 45 de Alan García, y duele tanto que le provoca dar patadas (aunque las últimas estadísticas segmentarias del Ministerio de Trabajo dan 9,1% de crecimiento del empleo formal en empresas urbanas de más de 10 trabajadores, de febrero del 2008 respecto de febrero del 2007, el porcentaje ha de disminuir en el total de trabajadores. Según los cálculos teóricos --cito a Fritz Du Bois--, los últimos cuatro años de crecimiento deben haber producido dos millones de empleos, de los cuales, según lo registrado por los sistemas público y privado de pensiones, solo medio millón es formal).

A una semana de la cumbre ALC-UE, el derrumbe que mató a cuatro obreros en Miraflores y la rabia de los mineros de Casapalca han puesto el drama laboral sobre el tapete y no se le puede barrer debajo de este. Tiene que ser afrontado con esa voluntad que suele flaquear en el Ejecutivo cuando se trata de cuadrar a empresarios con el puño cerrado.

Apenas a 100 km de Lima, cientos de mineros, con un salvajismo sin justificación, están protestando por una frescura patronal que tampoco tiene justificación: la minera Casapalca mantiene a la gran mayoría de sus obreros contratados por 'services'. O sea, trabajadores que están en el corazón de la actividad extractiva, que es la punta de lanza del crecimiento, no tienen derecho al reparto de utilidades, no la ven. ¡Qué tal raza!

La Sociedad de Minería ha tomado distancia con esa empresa problemática, pero el Ministerio de Trabajo, aunque la ha sancionado, no ha sabido, hasta ahora, imponer su autoridad (aunque sé que el ministro Mario Pasco está buscando una solución con los propietarios).

Pero más allá del Estado, al que responsabilizamos por todo, por el empleo que falta y el subempleo que sobra, el caso de Casapalca, al igual que el de la constructora JJ Ingenieros, que en pleno 'boom' del sector trata a sus obreros como si fueran calzaduras, revela que hay empresarios con una mentalidad egoísta opuesta a la lógica del chorreo. Si le cierran el caño de la bonanza a sus trabajadores, recurriendo a 'services' o a la sobreexplotación pura y dura, entonces no nos preguntemos por qué buena parte de la población no percibe mejorías. Los malos ejemplos y las injusticias se imponen en la percepción social.

Las 'services', alguna vez llamadas 'malditas' por Alejandro Toledo y golpeadas como 'punching bag' en la campaña de García que prometió frenarlas, también encarnan, si se abusa de ellas para la actividad central de la empresa (se entiende su uso para trabajos accesorios), una lógica opuesta al chorreo.

Volviendo a las responsabilidades del poder, bien haría este en promover campañas educativas para que los peruanos, empresarios y no empresarios, honremos el empleo decente: colaboremos con la formalización, paguemos dignamente los servicios, demos seguridad al empleo doméstico, denunciemos la sobreexplotación.

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