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El círculo perverso del precio del petróleo

Rincón del autor. Es más fácil nacionalizar que privatizar. Consumir que producir. Las nacionalizaciones ofrecen el embeleco del beneficio colectivo, el aura romántica de la gesta nacional

Por Jaime de Althaus Guarderas

El precio del petróleo superó los 124 dólares el barril y podría llegar a los 200 dólares antes de fin de año, según Bloomberg. La causa eficiente de esta subida incesante no es solo el incremento de la demanda, sino la reducción de la oferta, ocasionada por los procesos de nacionalización que han hecho metástasis en varias partes del mundo. Lo que hay es un círculo perverso: a mayores precios internacionales del petróleo, mayor tentación de los gobiernos de nacionalizar o imponer impuestos altísimos, lo que lleva a reducir la inversión y la producción. Y a menor producción, mayores precios, lo que lleva a más nacionalizaciones, y así sucesivamente.

En Bolivia acaba de culminar el proceso de nacionalización --en la práctica una confiscación-- de tres empresas de hidrocarburos. Desde que se inició dicho proceso, dejó de haber inversión. Así, las reservas han caído de 25 a 18 trillones de pies cúbicos y hoy Bolivia exporta a Argentina cinco veces menos de lo que debería según el contrato. Argentina, a su vez --debido al control de precios interno--, incumple sus compromisos con Chile.

Por supuesto, es mucho más fácil nacionalizar que privatizar. Y consumir que producir. Las nacionalizaciones ofrecen el embeleco del beneficio colectivo, el aura romántica de la gesta nacional. Las privatizaciones, en cambio, tienen el estigma falaz de que benefician a la empresa extranjera y no al país. Es lo que está ocurriendo ahora en México, donde la producción ha caído ya en un 10% desde el 2004 y donde se importa el 40% de la gasolina porque el gigante estatal PÉMEX --tótem de la revolución mexicana-- no tiene recursos ni tecnología para explorar más en el profundo golfo de México ni para construir refinerías. Pese a ello, el gobierno de Calderón no logra que el Congreso apruebe unas tímidas reformas --contratos con empresas privadas para exploración y producción, licitación de refinerías-- que ni siquiera entrañan privatización. A tanto llega la enfermedad ideológica en ese país que la furiosa y demagógica oposición nacionalista del PRD de López Obrador podría imponerse.

Rusia es un caso similar. Allí la producción viene cayendo hace varios meses debido a las expropiaciones de los últimos años y al impuesto de 65% a las exportaciones y otros tributos, que dejan el negocio sin utilidades. Las inversiones que se hicieron en los años 90 en virtud de acuerdos de participación en la producción ("The Economist"), fueron las últimas en realizarse. Putin acaba de ofrecer reducir los mencionados impuestos, pero nuevas inversiones, si se realizan, tardarán muchos años en dar frutos.

Mientras tanto, el precio del petróleo sube y sube. Lo que, además, ayuda al autoengaño. En Venezuela, la producción de PDVSA también ha venido cayendo, pero la proporción de la subida del precio ha sido mayor. Y nuevamente el círculo vicioso. A menor producción, mayor precio. Lo que ayuda, además, a mantener en el poder a los caudillos populistas, disfrazando el daño que sus políticas causan a la economía de sus países. Hasta que la inflación y la escasez los derroque.

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