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CUSCO. SIN ESFUERZO NO HAY ÉXITO

Los campesinos de Anta ven en la alcachofa sin espinas a su mejor aliada

Primera cosecha debe dejar S/.120.000 de ganancia neta a los productores

Por Renzo Guerrero de Luna

A sus 5 años, la pequeña Analí Mayta aún no entiende muy bien lo que pasa. Sin embargo, no se esconde al momento de posar, muy sonriente ella, junto a los cientos de alcachofas sin espinas que su madre y otros agricultores de la localidad de Ancahuasi, en la pampa de Anta, sembraron pensando en mejorar su economía.

Y el proyecto funcionó, ya que en su primera cosecha los campesinos cusqueños han logrado exportar a España 120 toneladas de este producto. Esto representará para las treinta familias que se arriesgaron en esta inversión un ingreso total de S/.120.000.

Rolando Dueñas Cabrera, agricultor y presidente de la Asociación Provincial de Productores de Alcachofas de Anta, fue uno de los pioneros con este proyecto que se inició hace unos meses con apenas tres hectáreas y que ahora cuenta con 35 hectáreas.

Según este hombre de campo, en determinado momento le hablaron de la alcachofa sin espinas y de lo requerida que era en tierras europeas. Así, decidió aventurarse y dejar de lado la papa, el maíz, el trigo y la cebada. No se equivocó; aquellos que lo acompañaron, tampoco.

Dueñas explica que en los últimos meses ha crecido considerablemente el sembrío de alcachofas sin espinas, tanto así que esperaba que para el 2009 sumen, en total, en toda la zona de Anta, entre 200 y 300 hectáreas. En realidad, dice el dirigente, hay hasta ocho mil hectáreas a lo largo de la mencionada pampa cusqueña, las cuales se podrían aprovechar siempre y cuando exista un compromiso del Gobierno Central o de alguna empresa privada que quiera apostar por ellos.

Al respecto, Dueñas sostiene que necesitan maquinaria para utilizar el agua que existe en el suelo de la zona, ya que --como recuerda-- eso antes era una laguna. "Nosotros vamos a incentivar a los agricultores porque esta es una buena tierra para la siembra de alcachofa sin espinas. Pero no basta solo con eso", dice.

LOS SOCIOS
La misma opinión comparte Antonio Puga, gerente de operaciones de Alsur Perú, la empresa encargada de llevar adelante el proyecto junto con Sierra Exportadora (SIEX). Lo que se busca --puntualiza-- es un apoyo más decidido de los involucrados, y ese respaldo tendría que ser en financiamiento. "Nosotros hemos invertido el 50% para que pueda salir esta producción, pero aún falta el otro porcentaje. Una hectárea representa una inversión promedio de US$4.500 que, al momento de la venta, se convierte en US$6.500. Se podría utilizar el canon minero que duerme en las municipalidades, por ejemplo, y así cambiar la realidad agrícola de esta zona, que tiene todas las condiciones para convertirse en productores masivos de alcachofas", precisa.

En ese sentido, Gastón Benza Pflucker, presidente ejecutivo del programa Sierra Exportadora, dice que poco a poco se logrará que esta zona tenga mejores rendimientos, ya sea en las tierras o en la parte económica, de tal manera que la sierra sea el principal productor de alcachofa sin espinas. "Por ahora en todo el país existen ocho mil hectáreas, cuatro mil de ellas en la costa. Lo que buscamos es que en cuatro años todas estén en la sierra, más de dos mil hectáreas en Cusco", puntualiza.

LOS MERCADOS
Benza Pflucker señala que existe una alta demanda en Europa por el producto. Según explica, países como Francia, Italia, Holanda consumen la alcachofa sin espinas y están a la espera de más embarques.

Lo dicho por el alto funcionario del Gobierno entusiasma a los agricultores, pese a las limitaciones que tienen para invertir. Pensando en ello es que personas como Alberto Acurio, presidente de la Asociación de Productores de Alcachofa de Ancahuasi, piden que a medida que avance el proyecto se vayan instalando plantas de procesamiento. Estas beneficiarían a los productores frente a los intermediarios y así ellos recibirían un precio justo por su mercadería.

En su opinión, los campesinos de las zonas directamente beneficiadas como Ancahuasi, Huarocondo, Zurite, Cachimayo, entre otros, podrían entregar su producto directamente para que los interesados lo envasen. "Pese a que todo esto es un progreso, aún el agricultor sigue perdiendo.

Con un ejemplo basta: en Lima ocho alcachofas envasadas valen nueve soles, en promedio, mientras que nosotros vendemos 24 alcachofas a 32 centavos de dólar, ni siquiera a un sol. Esto tendría que cambiar, me parece", sostiene, no sin antes aclarar que están contentos con este primer paso. Ahora lo que buscan es correr.

CLAVES
Un negocio redondo
A.
La diferencia entre una alcachofa sin espinas y la otra variedad es que la primera puede comercializarse en su estado natural, mientras que la otra tiene que ser procesada para su exportación.

B. Para reconocer una buena alcachofa sin espinas lo que se debe tener en cuenta es su forma ovoide, compacta y sin ombligo que comprometa la estructura del corazón. Además, no debe tener fibras, pelos ni material violáceo.

C. Cada hectárea cosechada ofrece, en promedio, 12 mil plantas. Cada planta produce hasta dos kilos de alcachofa.

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