Por Carmen Escobar
Historia y naturaleza en un solo viaje. Visite el Callao y déjese llevar por sus encantos, por la imponente fortaleza Real Felipe, por su buena sazón y sus calles llenas de historia. Lo mejor es que puede hacerlo de día o de noche, ya que la Municipalidad Provincial del Callao ofrece un recorrido nocturno gratuito.
PUNTO DE PARTIDA
Empiece su visita al Callao en la Plaza Grau, monumento dedicado al héroe nacional Miguel Grau. A tan solo unos metros y en la avenida Monteverde Win está el Museo Naval del Perú, con sus salas dedicadas a la historia de la marina, el mar peruano, la Antártida, entre otros temas. Siga por esta misma calle y verá el Cañón del Pueblo, una pieza de artillería que fue usada en el Combate del 2 de Mayo (1866) y recibe ese nombre porque fue la población civil quien lo instaló para la defensa del puerto contra la invasión española.
Justo al frente, más historia. Ahí está el submarino Abtao, adquirido a comienzos de los años 50 por el Gobierno Peruano y que patrulló nuestro mar por 48 años. Hoy es un museo flotante que recibe a los visitantes de martes a domingo de 9 a.m. a 6 p.m.
Al lado del cañón está el restaurante Término Medio, una alternativa para disfrutar carnes, pescados, marinos y vinos frente al mar.
Es el turno de visitar el Callao monumental. Vaya a la plaza Gálvez y en el camino cuente los nueve tipos diferentes de balcones. Luego entre a la Iglesia Matriz construida en 1833 y a pocos pasos encontrará el edificio Ronald, el primero de seis pisos levantado en el puerto y que data de los años 20.
Deje para el final la visita a la fortaleza del Real Felipe, construcción que data de 1747, pensada principalmente para proteger la ciudad del ataque de piratas y corsarios, pero que después jugó un importante papel en el Combate del 2 de Mayo. Tómese su tiempo en conocerlo, ya que el recorrido completo puede durar dos horas. Si va de noche, apreciará el juego de luces de colores en uno de los torreones. Visítelo de lunes a domingo de 9 a.m. a 4 p.m.
AHORA, A LA PUNTA
Si está en el Callao, siga rumbo hasta La Punta. Vaya hasta el final de la avenida Sáenz Peña, voltee a la derecha, bordee el Real Felipe y pase Chucuito. Sabrá que ya está en La Punta por los carteles que le dan la bienvenida y porque deberá pasar una tranquera para identificarse. Justo a esa altura está la réplica del torreón de La Merced en el que falleció José Gálvez. A partir de este punto hay varias opciones: caminar por el malecón Figueredo (conocido también como Cantolao), dejarse arrullar por el mar, tomarse un helado o jugar con sus chicos en el parque levantado para este fin justo frente al mar. También puede subirse a una chalana.
Vaya por el malecón Wiesse (la continuación del Figueredo) y llegue a la Poza de la Arenilla, en donde se reúnen hasta 26 especies de aves migratorias. Ahí encontrará botes para pasear a sus anchas. Pregunte por Corazón (a secas) que no solo rema como si fuera un jovencito, sino que le contará divertidas anécdotas punteñas. Y si ya se le abrió el apetito, caiga por alguno de los restaurantes del malecón y dé un paseo por este distrito en el que el tiempo parece haberse detenido y en el que dan ganas de quedarse por siempre.