Por Fernando Lozano
La nadadora Natalie du Toit había terminado de entrenar en la piscina pública de Newlands y tomó su 'scooter' para ir a sus clases. Dos minutos después de partir, un auto que salía de un estacionamiento la golpeó, aplastó su pierna izquierda y, literalmente, la hizo reventar.
"Como cuando un tomate cae al piso", dijo la deportista en una entrevista en el 2004 sin mostrar rastros del trauma que le pudo haber significado a cualquiera quedarse sin su pierna izquierda. ¿Tragedia? Bendición no fue, pero tampoco llegó a niveles de drama. Ese 26 de febrero del 2001 en Ciudad del Cabo no fue el fin de su carrera para clasificar a los Juegos Olímpicos. Solo un retraso de cuatro años.
El pico de esta historia con tintes de película tuvo un final de Hollywood. El pasado 3 de mayo Du Toit, de 24 años, quedó cuarta en la prueba de 10 kilómetros del Campeonato del Mundo de Aguas Abiertas, en Sevilla, España, y logró clasificarse a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. "Siempre he soñado con ir a unos juegos olímpicos de verdad, y no iba a cambiar mi objetivo por ese accidente", declaró al término de su prueba.
Natalie hizo un registro de 2h:2min:7s:8c y quedó a solo seis centésimas de la medalla de bronce y a 5 segundos de la ganadora, la rusa Larisa Ilchenko. La diferencia es que ella lo hizo sin una pierna.
Hasta donde se conoce, es la primera vez que un atleta, hombre o mujer, al que le falta un miembro clasifica a unos juegos olímpicos. En Sidney 2000 la estadounidense Marla Runyan compitió en la final de los 1.500 metros planos pese a que no veía nada con su ojo derecho y su ojo izquierdo solo funcionaba al 10%. Pero ella había tenido problemas de la vista desde su nacimiento. Natalie tuvo que pasar por el purgatorio de la recuperación.
¿Cómo llegó de estar postrada en una cama a ser un ejemplo de que lo imposible solo parece depender de un estado de ánimo? Su secreto fue no perder de vista su objetivo. "La tragedia de la vida no radica en no llegar a sus metas, la tragedia de la vida radica en no tener metas que alcanzar", es el fragmento de un poema que Du Toit tiene pegado en una pared de su cuarto.
Tras el accidente los médicos del hospital Constantiaberg la pusieron en cámaras hiperbáricas para tratar de revivir algunos de los tejidos muertos de su pierna izquierda. Fue inútil. "Me desperté sin la mitad de una de mis piernas. Estaba hinchada y lo único que podía ver era los vendajes. Lo único que yo deseaba era volver a nadar", cuenta.
Du Toit estuvo a punto de clasificar a los juegos de Sidney 2000 cuando tenía 16 años, unos meses antes de sufrir el accidente. Después compitió en los Paralímpicos de Atenas en los que logró cinco medallas de oro y una de plata. Esta vez volver al agua no era un juego.
Empezar de cero
Le implantaron una barra de titanio y tres tornillos que bajan por el fémur y a una extremidad artificial. Sus amigos y familiares la visitaban y lamentaban su situación. Ella prefirió la terapia de choque. "Opté por mostrarles mis piernas. La mitad del grupo casi se desmaya, pero resultó una buena estrategia", explica.
Cuatro meses después del accidente volvió a la natación. Parece un tiempo corto para una operación y para sus secuelas, aunque ella ha aclarado que hubiera regresado antes de no ser porque tenía que esperar que 'pegara' un injerto de piel artificial.
"Cuando hacía los giros sentía como si la pierna todavía estuviera ahí, pero cuando me impulsaba con esa pierna amputada, no había impulso. Me sorprendí y decidí practicar para volver a nadar".
La estrategia debió cambiar. De ser la campeona nacional de 400 y 200 metros, tuvo que volver a empezar en los 1.500 y distancias mayores, como la de 10 kilómetros en aguas abiertas, una prueba que por primera vez se disputará este año en los Juegos Olímpicos. Resistencia por velocidad. Cambiar la forma, no el fondo.
Dos años después se convirtió en la primera nadadora amputada en una final (800 metros libre) de un gran campeonato, los Commonwealth. La proeza de Natalie solo se acerca a la lucha del atleta Óscar Pistorius (ver recuadro), quien quiere competir en Beijing con unas prótesis.
Du Toit no solo logró la gran meta deportiva de su vida, sino que se convirtió en un pretexto para convertir en certeza esa frase de carta cadena: "Si crees que estás vencido, vencido estás". Natalie solo se pone sus prótesis para caminar. En el agua no las necesita porque está completa.