Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook
CONTRACORRIENTE

"En algún momento los solidarios seremos mayoría"

Entrevista exclusiva a Danielle Mitterrand

Por Milagros Leiva Gálvez

París. El día que la conocí llovía en París. Durante la entrevista cayó granizo. Así es ella. Fuerte como un aguacero, vital como las gotas de hielo que caen sobre la ventana. Danielle Mitterrand tiene 82 años y unas ganas intensas de seguir levantando su voz a favor de los pobres, de las comunidades indígenas. Símbolo de la resistencia francesa, esta libertaria dice que seguirá luchando por la justicia.

Usted ha dicho que tendrán que escribirse dos palabras en el diccionario universal: terrorismo y resistencia.
El terrorismo es una preocupación mundial que nos atañe a todos entender para combatir. Del otro concepto yo doy fe: soy un dinosaurio de la resistencia francesa.

¿Cuándo empezó su interés por resistir? Su familia era socialista, ¿pero en qué momento entendió que tenía que resistir?
Es un proceso largo y empezó antes de que yo naciera. Cuando no era más que un embrión en el vientre de mi madre tuve que resistir porque mis padres estuvieron a punto de separarse y al final llevaron una vida de amor. Hoy, en los años finales de mi vida, me doy cuenta de que ayudé a liberar la vida de otra gente, que he sido una soldado de la justicia, que he luchado.

¿La resistencia fue impulsada por sus padres?
Fue muy normal que viniendo de unos padres resistentes yo fuera igual. Y creo que nunca fue un problema ser mujer. Yo asistí a una escuela mixta, algo inusual en mi época, pero me eduqué en libertad. No soy una mujer de vanguardia, porque sé que antes muchas lucharon por la independencia femenina; pero si existiera la reencarnación, ten la seguridad de que me gustaría volver a ser mujer. Me impresiona la capacidad que tenemos para dar vida.

Usted dio tres vidas, pero una murió. ¿Qué pasó con Pascal?
Nació justo después de la guerra. El verano fue muy caliente y hubo una epidemia de cólera: él murió.

Dicen que una madre jamás se recupera de la muerte de un hijo.
Yo tenía 20 años cuando él murió y comprobé que la muerte de un hijo te 'desconstruye' la personalidad. El corazón se queda abierto. A pesar de que yo había conocido las miserias de la guerra, a pesar de que era partícipe de la resistencia y de que había tenido visiones muy terribles, a pesar de que sentía el amor de mis padres que me protegían, a pesar de todo eso con la muerte de Pascal me sentí sola y nadie me pudo ayudar. Yo tenía dos opciones: o me abandonaba y decidía no continuar o encontraba las fuerzas para continuar con mi vida. Opté por lo segundo. Francois también sentía la misma tristeza, pero su carrera de político recién empezaba y eso lo distraía. En ese momento decidí dedicarme a empastar libros de arte, y eso me aquietaba. Al mismo tiempo viví la carrera de mi esposo y luego tuve dos hijos; eso me ayudó.

Usted se casó durante la guerra, y sus memorias narran las atrocidades que le tocó vivir: el abuso, el hambre, la violencia. ¿De dónde sacó la fortaleza para resistir?
¿No pasa nada en el Perú? ¿No has conocido momentos muy duros en tu país? ¿Cómo hace la gente para vivir, para sobrevivir a esos malos tiempos? Lo mismo me pasó. La vida siempre te empuja a reaccionar frente a las injusticias, siempre hay un instinto de supervivencia.

Hay sufrimiento, pero también gente muy indiferente.
Sí, claro que hay gente a la que no le importa nada, pero también están los otros. Yo prefiero fijarme en ellos. En algún momento los solidarios seremos mayoría.

Ahora que repasa sus luchas, la resistencia, Mayo del 68, los movimientos sociales y observa la violación de los derechos humanos, ¿no siente frustración?
A corto plazo el futuro del mundo no es muy feliz, pero --como sucedió en mi pasado-- hoy también hay jóvenes, y yo estoy con ellos para resistir frente a un sistema abusivo que se impone. Hoy se está creando un movimiento de resistencia contra la dictadura del liberalismo económico mundial. Hay que resistir. Durante la guerra me llamaron terrorista durante cuatro años. Para los nazis y para la Gestapo yo era terrorista, pero cuando pasó todo me llamaron heroína. Esos adjetivos nunca me gustaron.

A usted le han dicho de todo. ¿Cómo lidia con los adjetivos?
Trato de no mirarme en los ojos de los demás. Durante toda mi vida he tratado de conocerme bien sin depender de los otros. Reconozco mis límites, mis pasiones, mis defectos y lidio con todo esto.

¿Cuáles son sus límites?
Son muy extremos. Si no tuviera límites, estoy segura de que no habría guerras en el mundo, que los pobres no pasarían hambre, que todo el mundo sería solidario, que no existiría la discriminación.

Cuando fue primera dama francesa se preocupó mucho por los pobladores del Tercer Mundo.
Pero no esperé ocupar ese cargo para dedicarme. Cuando Francois era presidente yo militaba en varias ONG; siempre fui defensora de los derechos humanos. Cuando estás a la vista del mundo tienes la ventaja de que te escuchen y yo utilicé ese cargo para llamar la atención.

Puso en aprietos a Mitterrand. Mientras él guardaba las formas diplomáticas, usted no se callaba.
Yo era la esposa de Francois. Él era el presidente, yo no. Eso no ha cambiado.

¿Alguna vez le dijo que no lo metiera en problemas?
Jamás. Francois era un hombre muy libre. Siempre me decía si lo que defiendes es justo y tienes argumentos para defenderlo, sigue adelante. Sigue y no importa si mi gobierno se mete en problemas. Era un hombre que vivía en libertad y, por lo tanto, respetaba.

¿Qué valor le enseñó a sus hijos?
Una palabra clave para mí es confianza. Hoy se nota que las civilizaciones van desconfiando las unas de las otras, vemos enfrentamientos de la gente, y no aspiro a eso. Me gusta confiar en la gente. A veces es difícil hacerlo, porque te pueden traicionar, y es muy doloroso, pero es importante confiar.

Usted es idealista
Soy idealista y moriré así. Mi idealismo es algo que viene de la realidad. Cuando estoy con poblaciones olvidadas, excluidas, constato que no soy idealista, que más bien soy realista, y lucho contra las dificultades. Si ser idealista es decir que no acepto que los grandes consorcios roben a las poblaciones, entonces soy idealista, y lo digo con voz fuerte. Soy una aliada de los indígenas.

Usted ha dicho que Europa esconde muy bien sus miserias. ¿Por qué los políticos no resuelven si tienen el poder para hacerlo?
Porque hay un poder que es mucho más fuerte, y es el poder del dinero. Pueden existir dirigentes con las mejores intenciones del mundo, pero no pueden con este poder que es más grande y global. El dinero nos está perdiendo. Hemos olvidado que solo es un medio de intercambio y transacción. El mundo actual nos ha vendido una idea equivocada. Tenemos que ser conscientes de que muy pocos viven bien, que la gran mayoría está reclamando acceso a una vida digna. Son miles de personas que no tienen educación, salud, vivienda. Los pocos que viven bien usan el poder que tienen para robar los recursos de los otros; ¿no se cansan? Con dinero se domina, se compra el mundo, ¿pero a qué precio? Es una estrategia política que me rebela y que empezó con la revolución industrial. Antes eran reyes poderosos que encarnaban lo divino. Ahora no tienen rostro. Se habla de la economía mundial, de las transnacionales, pero no se conocen los rostros. Traen modernidad y tecnología, pero también traen la muerte. Eso me angustia.

¿Hay manera de revertir esta situación? Hablemos del derecho al agua que usted defiende. En el Perú poblaciones enteras siguen reclamando este bien común.
Sin agua potable no hay vida, eso decimos. Cuando era niña yo recuerdo que en mi pueblo había fuentes de agua, libres para todos; pero un día llegaron los pesticidas y las empresas purificadoras y la necesidad de vender el agua, que es un bien de la humanidad. El agua es un derecho, y un derecho no se vende, no puede tener precio. No es un bien mercantil. Lo que tiene precio es el servicio del agua. Un día existirá una presión muy fuerte contra las empresas porque el agua faltará, y la presión será de ricos y pobres, porque tendremos colchón para dormir, pero llegará a faltar el agua y eso no lo entendemos. Cuando los accionistas reflexionen todo cambiará. El objetivo es sensibilizar a la mayor cantidad de gente. Un pueblo que ha entendido esto y hace presión sobre su gobierno es un pueblo fuerte. Es un movimiento que crece en América Latina y, si no cambia la inequidad, no sé qué pasará.

Cuando sale y ve gente pobre ¿qué siente: impotencia o rabia?
Cuando veo injusticias siempre me pregunto qué puedo hacer para ayudar. Jamás me quedo parada pensando. Trato de moverme. La lucha social ha sido el sentido de mi vida y sigue valiendo la pena. Es verdad que ahora por la edad vengo un poco más tarde a trabajar, pero seguiré preocupándome por los pobres de América Latina. Sé que tengo 82 años, pero no quiero bajarme de la bicicleta.

¿De dónde saca la energía para seguir montándola?
Lo que pasa es que quiero vivir. La intención es fundamental.

¿Piensa en su final?
¿Quién no piensa en el final? En mi caso veo mi ocaso con mucha serenidad y no planifico nada. Cuando uno se tiene que ir, se va.

¿Sigue siendo atea?
Sí.

Francois cambió al final
Él nació en una familia muy católica y su experiencia propia le hizo dudar mucho. Yo también dudo de las cosas. En todo caso valoro las creencias y la fe de los demás.

Alcanzar la serenidad es un grado superior, ¿cómo lo logró?
Hace poco tuve una operación al corazón y cuando estuve entre la vida y la muerte me pareció que era muy sencillo irse, perder la vida. Desde entonces no me preocupo tanto por los apegos. Es como si hubiera logrado la serenidad del desapego. Todo lo que vino después de esta operación es un regalo.

¿Cuánto extraña a su esposo?
No lo extraño, porque siempre estoy con él. Todos los días lo siento cerca de mí. Suelo leer sus discursos, pienso mucho en él.

¿Me perdona si le hago una pregunta indiscreta?
Adelante.

¿Le costó mucho cuando apareció la otra hija del presidente Mitterrand en su funeral?
Claro que costó, pero lo asumí. Es la hermana de mis hijos y nada más. Es una persona valiosa. Y claro que sí sabía de su existencia. No fue una sorpresa. Conocí a la madre y ciertamente me afectó, pero lo asumí.

Y perdonó.
No tenía nada que perdonar.

¿La infidelidad no se perdona?
No, la infidelidad se asume. No es una cosa sencilla, pero se asume.

Cuando se mira ante el espejo, ¿qué ve, cómo es Danielle?
Si la pregunta es si me hubiera gustado ser distinta, te diría que no. Me hubiera gustado vivir las mismas alegrías, las mismas decepciones, las mismas esperanzas. Me veo y me gusto como ser humano: He vivido mis aciertos y mis errores. Y lo que siempre me reconforta es que cuando salgo a la calle la gente me pregunta si me puede dar un abrazo. Es una muestra de cariño que me da alegría, porque significa que hice las cosas bien.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook