Por FernandoVivas. Periodista
El cambio climático, dicen, tiene imprevisibles, casi indescifrables, efectos. En algunos casos, aunque parezca contradictorio, el efecto no sube la temperatura por encima de la cota histórica, que a eso llamamos el calentamiento global; sino que nos deja helados sin que sepamos por qué. Pero nos dicen que esas frías contramarchas son las excepciones que confirman la regla de que, de todos modos, nos estamos calentando para mal.
Por ejemplo, la V Cumbre ALC-UE, cuya reducida agenda incluye al cambio climático como preocupación fundamental de nuestros pueblos, sí confirma que nos está subiendo la temperatura: los motores y la paciencia de los limeños han aumentado varios grados en estos días de atoros y desvíos. Y eso que el otoño está avanzando.
La calentura no solo es emocional, también es política. Debe ser cierto eso de que el Perú y, en general, el tercer mundo, son las regiones más afectadas por el cambio climático. ¡No han subido la temperatura y la ideología! Mientras Europa enfría sus relaciones diplomáticas, para bien de su unidad de mercado, aquí viene Hugo Chávez a atizar el fuego de los debates bizantinos. Y sobran los que pisan el palito provocando que el mercurio suba una raya más en el termómetro.
Este súbito calentamiento de las ideas nos ha deparado la Cumbre de los Pueblos, que se grita alternativa, aunque su agenda se parezca a la oficial: reducción de la pobreza y conservación del medio ambiente, más los derivados de la multiculturalidad. Pero hay de todo: junto al delirio declamativo de Delfina Paredes recitando a Vallejo en el acto de apertura, un tribunal tratará de juzgar, en frío, a las empresas europeas que se portan mal.
Una conclusión preliminar es que el calentamiento global afecta de distinta forma lo personal. Por ejemplo, mientras a Luis Giampietri, presidente de la Comisión Extraordinaria de Alto Nivel APEC 2008, le da fiebre cada que se le pregunta por los opositores a la cumbre y apenas puede morderse los labios para no lanzarles sapos y culebras; a Ricardo Vega Llona, presidente de la comisión organizadora de la actual cumbre, le ha dado por reaccionar fríamente ante el alboroto vial que por culpa del APEC de noviembre le fastidia su evento. Contradiciendo la tendencia global al deshielo, sus canas se han blanqueado al punto que este hombre parece tener un glaciar en la cabeza.
Humor climático aparte, esta cumbre que el anfitrión peruano juzga más declarativa y, por lo tanto, menos importante que la del APEC, y por culpa de aquella la ha llenado de atajos, tiene, sin embargo, una gran idea que cotizar: A ver cuánto nos dan los europeos para mantener bien cuidado y forestado el pulmón de la Amazonía. A ver cómo nos compensan por no poder dar rienda suelta a nuestros afanes industriales y extractivos como ellos sí lo hicieron décadas atrás. A ver cuánto nos dan para no ser como ellos fueron. A ver cómo nos refrescan.