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Los otros actores de la cumbre, que van más al grano

Por: Juan Paredes Castro |

Sin el peso que suelen llevar sobre sí los jefes de Estado, los empresarios europeos y latinoamericanos tendrán hoy su encuentro en la cumbre, no para hacer negocios, que sería una buena oportunidad, sino para despejar de su camino los mitos y realidades que más los impactan.

En efecto, hay inversionistas y empresarios más preocupados que otros por la complejidad y fragilidad política de este lado del mundo. Los menos preocupados son, por supuesto, aquellos que apuestan fríamente a poner sus capitales allí donde hay crisis política o guerra interna. Su apuesta es excesivamente riesgosa. Pero hay más de una experiencia que contar sobre cómo estos inversionistas y empresarios han salido adelante precisamente en medio de condiciones locales inestables.

La otra cara de la luna la representan inversionistas y empresarios que mueren por la estabilidad política y la seguridad jurídica. No es para menos: invierten sobre seguro y no están para lamentar decisiones equivocadas. Estos son los más. Miden al milímetro el tejido político y social de los destinatarios de sus capitales. Inclusive reclaman predictibilidad, es decir, sentido de futuro en las decisiones políticas y económicas internas. Justamente lo que al Perú le hace falta y lo que a Chile le sobra.

No es que no tengamos sentido de futuro. Es que no hemos aprendido a construir sus señales, a partir, por ejemplo, del crecimiento económico que nos acompaña ya varios años, y sobre el cual tampoco hemos edificado valores agregados, como podría ser una reforma del Estado.

El proyecto del ministro de Trabajo, Mario Pasco, de dotar a la gestión administrativa pública de potenciales gerencias podría constituir el mejor punto de partida que se haya imaginado jamás para hacer que el Estado funcione de verdad. ¿Será una realidad?

Hay inversionistas y empresarios a los que no espantan ciertas reglas de juego, entre ellas la del canon minero, y sí la manera como este puede ser derrochado por las comunidades sociales beneficiadas. Gestiones administrativas locales absolutamente ineficientes y corruptas suelen echar por tierra las virtudes de la redistribución del crecimiento.

La cumbre empresarial que precede a la presidencial viene animada de algo más que, en el campo de los negocios y las inversiones, podría parecer contradictorio: el costo y beneficio de la inclusión social, llevados a un debate sereno y reflexivo, en busca de los mejores aportes de capitales y de las mejores gerencias técnicas capaces de evitar la peor enfermedad de los programas dirigidos a los más pobres: su burocratización.

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