PERFORMANCE. Jota Castro
Todo fue al revés, y quizás eso fue lo más interesante. Porque, por unos minutos, solo los que manejaban el lenguaje de señas eran los que tenían el poder de comunicar. Mientras la mayoría, desconcertada, solo atinaba a aplaudir cuando era inducida, entre largos silencios y el sonido del mar. Nunca tan incomunicados.
"Ignorancia, qué importa, no nos hacen caso y aplausos". Sobre el escenario, Sergio Galliani explicaba con las manos cómo se representan estas cuatro expresiones en el lenguaje que utilizan los sordomudos. Paso siguiente, el artista Jota Castro, detrás del escenario, leía un emotivo discurso. Lo sugerente fue que esa prédica solo podía ser escuchada, a través de unos audífonos, por un intérprete que se encargaba de transmitir las palabras de Castro mediante el lenguaje de señas.
Desigualdad, exclusión, discriminación, injusticia. La crítica es contra todo el país. Finalmente, aparece un emocionado Castro, toma el micrófono y lee parte del discurso. "No se trata solo de tener dinero y de vivir en paz --decía el creador de 'La palabra de los mudos'--, queremos que se diga la verdad", demandaba el artista en la playa Redondo. Hasta allí llegaron decenas de personas para dar vida a este proyecto. "Lima, te quiero mostrar mi cumbre", desafiaba el peruano radicado en Europa como queriendo llegar hasta lo alto para atravesar las ventanas del Marriott.
"No nos escuchan, por favor comprendan, somos todos mudos, somos todos minusválidos", proseguía él, mientras la voz se le quebraba. En la arena, entre la gente, la performance cobraba cada vez más sentido. En una mañana nublada y húmeda, en un día atípico, con calles cerradas y policías alertas, algo entre los asistentes parecía haber cambiado. Quizá --como pronunciaba Castro-- por unos minutos el público pensó que esto podría ser mejor.
Un trabajo sugestivo y simbólico que se hizo esperar. Desde las 10 a.m. la gente llegó a pie y en ómnibus hasta la bajada Balta, el punto de reunión. Y como Lima es la ciudad que vive de espaldas al mar, qué mejor entonces que descender hasta allá para gritar en silencio a la urbe que se mueve arriba del barranco, separada por brechas aun más grandes que ese desfiladero, que hay que empezar a hablar claro: "El silencio que se va quedar después de esto es el futuro, y el futuro son ustedes".