Por Moisés Ávila. Enviado Especial
LOS LAGOS. Un reporte de actividad volcánica precisa que la última erupción que se produjo fue hace nueve mil años. Hace dos semanas el volcán Chaitén, ubicado en la paradisíaca región de Los Lagos, en el sur de Chile, volvió a despertar de su letargo, y amenaza con desaparecer al pueblo al que le da nombre, y que hasta hace poco era el destino preferido de turistas y deportistas de aventura.
En una acertada decisión, el Gobierno dispuso que sus más de cuatro mil habitantes fueran evacuados, a pesar de que algunos se resistieron a salir y dejar allí sus animales, cultivos y pertenencias. Las enormes fumarolas de material volcánico amenazaban a cada minuto la vida de estos pobladores. Nadie permanece en el pueblo.
Cabalgatas, pesca con mosca, caminatas en medio de la naturaleza y un entorno de fiordos, golfos e islas eran los principales atractivos de la zona, y también el sustento de las familias, que se dedicaban principalmente a la industria turística.
Todos los caminos posibles de acceso a la ciudad están cercados por policías y militares. Solo se ha permitido el ingreso cronometrado, por aire, de funcionarios judiciales para que rescaten sus archivos. Los automóviles quedaron estacionados en las calles y hasta un equipo móvil de televisión quedó abandonado en una esquina, ante la inmediata evacuación que organizaron las autoridades.
Evacuados a pueblos aledaños, los habitantes de Chaitén añoran volver a su hogar, a aquella tierra donde crecieron e hicieron su vida y que hoy corre el riesgo de desaparecer. El gigante que despertó después de nueve mil años.