ENTREVISTA. Pablo de Santis
Por Enrique Planas
Será porque sus novelas son de aquellas que no se olvidan, que fascinan por su misterio, que envuelven en su intriga y poder hipnótico, que el escritor argentino Pablo de Santis fue el primer escritor invitado por la Universidad Católica para departir con los miembros de su comunidad educativa. En efecto, la PUCP desarrolla dentro de su campus el proyecto "Vamos a leer", el cual busca incentivar la lectura en todas las facultades a través de clubes de lectura, vinculando las novelas favoritas con los cursos del currículo universitario. No solo en temas estrictamente literarios, por cierto. Los alumnos de la Facultad de Ingeniería Industrial, por ejemplo, construyeron los artefactos utilizados en la novela "El enigma de París", que el escritor tan bien detalló, pero que nunca imaginó verlos trasladados al mundo real. "Para mí, participar en este proyecto es una gran alegría. Al margen de mis libros, creo que la idea de los clubes de lectura es excelente, y no es habitual en las universidades".
Para De Santis (Buenos Aires, 1963), muchas veces la lectura queda confinada a la soledad del lector. Y vale la pena romper un poco esa soledad y convertir el libro en un medio para compartir experiencias, utilizándolo como una herramienta de comunicación. Aunque el escritor se define como un "tímido enfermizo", con el tiempo ha aprendido a afrontar públicos y lectores fervientes. El miércoles pasado, dictó en esta universidad la conferencia titulada "Las lentes de la ficción", en la que De Santis disertó sobre cómo los distintos géneros literarios miran el mundo. "Yo propongo una serie de instrumentos para cada uno. Por ejemplo, la novela de aventuras ve el mundo a través del catalejo: el protagonista siempre establece una relación con la distancia, sabe que al final del camino lo esperan sus enemigos, por ejemplo. Por otra parte, el género fantástico ve el mundo tras un vidrio empañado: es la presencia de lo extraño, muy cerca del mundo familiar. Finalmente, el género policial mira el mundo con una lupa. Antes de la aparición de las novelas de este género, la literatura no se preocupaba por los rincones, las rendijas del piso o los cajones", señala.
VOZ Y VOTO
Tal como se informara en el lanzamiento del Premio de Novela del diario El Comercio, Pablo de Santis forma parte el jurado del concurso literario con el que celebraremos los 170 años de esta casa periodística. Finalista del Premio Planeta en Argentina, y ganador del Planeta-Casamérica 2007, el autor de novelas como "Filosofía y letras" o "La traducción" ha tenido mucha suerte y experiencia en estas lides. Como jurado, también ha vivido valiosas experiencias. "Ser jurado es una experiencia muy interesante, porque se discuten las distintas opiniones y conceptos de literatura que tienen los miembros. Te das cuenta además qué es lo que se está escribiendo ahora", explica.
Asimismo, para De Santis los concursos son una excelente oportunidad para que un escritor se obligue a terminar sus historias: "la escritura tiene siempre algo de neurótico, de no saber cuándo terminar el libro, y la corrección sobre la corrección se puede convertir en algo eterno. Y un concurso te pone una fecha límite. Además, hay otra cosa muy buena de los concursos: pueden convertir a la literatura en noticia. Desgraciadamente, no hay otro método para que la literatura acapare titulares. Por lo menos, en Argentina es así", afirma.
¿Qué busca como lector en una novela?
Creo que es distinto leer cuando se es jurado de un premio que simplemente por tu interés personal. Cuando leemos siguiendo nuestro gusto juega nuestro capricho, uno rechaza libros que quizás pueden ser buenísimos, pero que en ese momento no tienes ganas de leer. Los escritores leemos de forma desordenada y caprichosa; siempre la lectura está vinculada a los intereses del momento. Cuando uno es jurado, tiene que ponerse una cabeza distinta, ser más objetivo y más abierto a otras voces de la literatura.
Usted comenzó escribiendo guiones de historietas...
Empecé escribiendo literatura, pero lo primero que publiqué fueron historietas, sí.
Fue la historieta, de niño, su primer ingreso a la lectura.
Ya no para mi generación. Anteriormente sí. Yo era fanático de las revistas de terror y las de superhéroes que publicaba la editorial mexicana Novaro...
¿Hubo alguna lectura que lo marcó como escritor, que afirmó su creencia en una literatura de entretenimiento?
Cuando era adolescente aprendí a escribir imitando los poemas de Borges que mi madre recortaba del diario "La Nación" y me los ponía sobre la mesita de noche. Esos poemas eran para mí muy llamativos. Por ejemplo, "El desdichado", que decía: "He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer; no he sido feliz". Esa idea me impresionó muchísimo. El catecismo nunca me había dicho que era pecado no ser feliz. Y en los cuentos, me encantó Ray Bradbury. Pensé que era una literatura que yo podía escribir, conectada con el presente, con lo fantástico y la ciencia ficción. Me encantó y comencé a escribir cuentos siguiéndolo. Otro escritor fundamental fue Kurt Vonnegut. Me enseñó que la literatura podía ser entretenida y a la vez absolutamente profunda. "Madre noche", por ejemplo, es un libro que me sigue fascinando. Para mí nunca ha habido una división entre entretenimiento y profundidad. Además los géneros literarios están muy instalados en la literatura argentina, el policial, el fantástico... Escritores como Bioy y Borges siempre hicieron literatura de entretenimiento. Otro autor que me gustó como modelo es Paul Auster.
Argentina tiene una enorme tradición de literatura de género, pero también una división de su literatura en dos bandos. Los que buscan entretener al lector y otros que creen en una literatura más 'seria'.
Hay muchas tribus, distintas corrientes y muchos enfrentamientos últimamente. Ha surgido un debate, por ejemplo, sobre la literatura autobiográfica. Pero cada escritor tiene su poética y su propia idea de la literatura. Pienso que en todo acto de lectura hay dos momentos: el desciframiento, en que el lector debe reconocer los personajes, las acciones y las relaciones entre ellos. Allí el escritor basa su dominio. El otro momento es el de la interpretación, en la que el lector va a relacionar el libro con el mundo, con su vida, con otras lecturas. Allí el escritor no puede meterse. Pertenece por entero al mundo del lector.
Has señalado que solo comienzas a escribir una novela cuando la tiene lista en la cabeza. ¿Cómo así?
La escritura es un proceso complejo que lo incluye todo. La escritura no solo es el acto de escribir, sino también lo que uno va pensando cuando camina por la calle. Para mí eso es fundamental. Siento que realmente escribo cuando por la calle voy procesando las ideas. Ese es el momento fundamental, en que acomodo todas las piezas. Es un proceso que se va dando por capas. Hay un plano que tiene que ver con la invención, con la construcción de personajes y de situaciones. Otro plano tiene que ver con la lógica, el modo como uno va relacionando todo de una forma verosímil. Y otro plano es el de la escritura misma, cómo uno va encontrando las palabras precisas y con cierta intensidad del lenguaje para comunicar al lector. Lo que pasa es que no son capas que se den por separado. Todo el tiempo van interactuando.
Cuando le pregunté por los cómics, recordaba el planteamiento de su novela "El enigma de París". La relación del protagonista y su maestro el detective me hizo recordar la que pueden tener Batman y Robin. ¿Hay rastros del cómic en su literatura?
Pueden ser Batman o Robin, o Don Quijote y Sancho Panza. Ayer recordaba al detective Columbo: él es como los dos personajes a la vez, el detective agudo y el tonto dentro de la misma persona. Claro, el mundo de las historietas está en lo que escribo, pero creo que la verdadera historia de esa novela es el tema de los adláteres, la relación entre maestro y alumno. Eso me hizo escribir la historia...
¿Y usted confiesa haber seguido a un maestro en particular?
Hay un escritor en Argentina que para mí fue realmente un maestro: Juan Sasturain. Recientemente se ha convertido en una estrella de la televisión en mi país por su programa "Ver para leer" (Telefé), una cosa insólita. Pero antes de aparecer en televisión, fue guionista de historietas, periodista, editor de deportes en el diario "Página 12". Para mí fue un maestro. En los años 70, en su cátedra en la Universidad de Buenos Aires, se empezaba a reconocer que las letras de tango, la historieta o la novela policial debían ser estudiadas porque también formaban parte de la cultura. Él tuvo siempre una mirada desprejuiciada sobre la cultura, sin ser un fanático de un determinado género, algo que a mí me parece insoportable. Sasturain tenía una mirada universal que a mí me ayudó mucho. Siempre que escribo algo veo si funciona como historieta, como guion o lo que sea.
Decía que sus primeras novelas escritas para jóvenes lo ayudaron a trabajar la relación con el lector. ¿Cómo así?
Yo escribía novelas que, felizmente, no pude publicar. Eran más complejas, deudoras de modelos literarios. Cuando comencé a escribir novelas para adolescentes me sentí más libre, para nada deudor de modas literarias. Eso me sirvió muchísimo. Realmente encontré mi voz a partir de estas novelas.
Hay un prejuicio afincado contra los autores de novelas para jóvenes...
Sí. También se escriben muchos libros malos, pero creo que hay que juzgar cada libro en sí mismo.
¿Qué hace mala una novela para jóvenes?
En general las novelas fracasan cuando hay un tono demagógico hacia los jóvenes o cuando el autor se pone en la posición de ser un joven. Allí es cuando fracasan. El querer imitar el idioma de los jóvenes es algo que nunca resulta.
PERFIL
NOMBRE Pablo de Santis
EDAD 45 años
TRAYECTORIA El escritor argentino estudió la carrera de Letras en la Universidad de Buenos Aires, y trabajó en sus inicios como periodista y guionista de historietas. Es autor de más de 10 libros para adolescentes, por los que ganó en el 2004 el Premio Konex.
En 1997, su novela "La traducción" lo ubicó finalista en el Premio Planeta Argentina. A partir de entonces ha publicado "Filosofía y letras" (1998), "El teatro de la memoria" (2000), "El calígrafo de Voltaire" (2001), entre otras. "El enigma de París" ganó el primer Premio Planeta-Casa de América en el 2007.