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ENTREVISTA CON JUAN JOSÉ MILLÁS, GANADOR DEL PREMIO PLANETA 2007

Los viajes interiores

DE RECIENTE PASO POR LIMA PARA PRESENTAR EL MUNDO, NOVELA GALARDONADA CON EL PREMIO PLANETA 2007, EL ESCRITOR Y PERIODISTA ESPAÑOL JUAN JOSÉ MILLÁS DIALOGÓ CON EL DOMINICAL.

Por Alonso Rabí do Carmo

Se dice que El mundo es una novela autobiográfica. ¿No hay cierta contradicción en ello, toda vez que la palabra "autobiográfico" nos remite a una carga de verdad que la distingue de la ficción?
-Bueno, yo siempre he pensado que las biografías pertenecen al terreno de la ficción. En efecto, yo digo que es una novela autobiográfica, pero en otras ocasiones suelo decir que es una autobiografía novelada. Te confieso que no sé muy bien dónde cargar el acento; los materiales de este libro provienen tanto de la imaginación como de la realidad y se han ido trenzando en la medida en que escribía la novela.

Entonces, ¿qué tanto se reconoce en el personaje del libro?
-Pues cien por ciento. Lo he escrito yo, al fin y al cabo. Me siento muy identificado con él, valga la redundancia.

¿Se trata de una proyección de sí mismo?
-En esencia lo veo como un personaje de ficción, porque es parte de una novela y porque ese niño ya no existe más, ¿verdad?, el que existe es el Juan José Millás adulto. Para decirlo de otro modo: El mundo es un texto de ficción, pero es una ficción con la que tengo una profunda identificación.

¿Una de las claves posibles para leer El mundo sería considerarla, por ejemplo, un ejercicio de limpieza, un saldar cuentas con el pasado?
-En el fondo, sobre el personaje de la novela lo que hay es una especie de piedad, ¿no?, de modo que no se trata tanto de ajustar cuentas con el pasado. Yo creo que lo que preside esta novela es la pregunta ¿qué pasó en aquellos años? Ese es el punto central, porque son los años en los que esta persona que soy ahora comenzó a construir su identidad, a dar forma a su subjetividad.

Sin duda son años decisivos...
-Absolutamente, es cierto eso. Entonces, más que un ajuste de cuentas yo concibo El mundo como una "bajada al sótano". Es decir, un viaje al sótano de la propia identidad, porque en el sótano se dan los cimientos. Por otra parte, el sótano suele ser un lugar mal iluminado y lleno de trastes que por lo general no nos gustan. De modo que bajé al sótano para explorar los cimientos de ese personaje en formación.

Todo esto resulta muy coherente con la obsesión que tiene usted por el mundo interior de sus personajes. ¿Cómo se explica esta constante en su obra?
-En realidad a mí siempre me ha interesado mucho más el mundo interno que el externo, más la subjetividad de los personajes que otros aspectos de su configuración. Cuando me preguntan cuál ha sido mi viaje más importante o el que más me ha impactado, siempre digo que ha sido un viaje interior.

¿Cómo concibe la relación entre literatura y moral?
-Considero que el espacio desde el que se escribe es un espacio moral. No creo en la posibilidad de hacerlo de otro modo.

¿Qué nos puede decir sobre su experiencia como lector de literatura latinoamericana? ¿Cuál fue su primer deslumbramiento?
-Yo me formo en un momento en el que la influencia de la literatura latinoamericana en Europa y especialmente en España fue enorme. El boom, por cierto, nos deslumbró a todos sin excepción. Sin embargo, sin desmedro de las grandes figuras de este movimiento yo tengo una suerte de debilidad por algunos autores periféricos, que no gozaron tanto de esta explosión narrativa. Gente como Onetti, Rulfo, Felisberto Hernández, Julio Ramón Ribeyro o Augusto Monterroso, me interesó mucho más.

Los premios. ¿Para qué sirven?
-En principio para tener más lectores. O para que el libro que lo ha ganado tenga más lectores. En una época como esta, en la que todo suele durar poco, a veces los premios te garantizan algo más de permanencia.

¿Con cuál de los libros que ha escrito se siente más satisfecho?
-Con El mundo, sin duda. Ahí he logrado contar una historia y narrar lo que sentía mientras la escribía.

¿Qué necesita por lo general Juan José Millás para comenzar a escribir una novela?
-Una idea que me obsesione. Yo no sé más que eso: escribir sobre mis obsesiones. Cuando algo me obsesiona, eso significa que hay algo allí que me concierne y que me urge descubrir qué es. Y uno escribe para eso, para descubrir.

¿Y cuál es la señal de que llegó al final?
-Eso es algo que tiene que ver con cierta lógica interna. Es una certidumbre, un momento en el que hay ya un absoluto control de la historia y uno sabe a dónde quiere llegar.

Usted es escritor y periodista. ¿Alguna vez ha sentido que ambos se entorpecen?
-A decir verdad, nunca. En mi caso, el periodista enriquece al escritor y viceversa.

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