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LETRA VIVA

Un planeta llamado "El mundo"

Por Enrique Planas

Tolstoi aconsejaba: pintando tu aldea, retrata el mundo. En esa línea, el barrio de la infancia madrileña de Juan José Millás (Juanjo, en la vida real y en la novela) vale como el mundo entero en su novela titulada, precisamente, "El mundo", ganadora del premio Planeta 2007. Varios pasajes ritualizan la analogía barrio-mundo; por ejemplo: "Yo estaba obligado a contar la historia del mundo, es decir, la historia de mi calle, pues comprendí en ese instante que mi calle era una imitación, un trasunto, una copia, quizá una metáfora del mundo" (p. 92).

Ese barrio madrileño supuso para Millás (nacido en Valencia, en 1946) la expulsión del Edén: "A los seis años, tuve una peripecia familiar, una catástrofe económica y sentimental: cambié de ciudad (de Valencia a Madrid, del mar a la neblina, de lo cálido a lo gris, frío y hostil) y de estatus social (éramos de la clase media y nos fuimos al traste). Los niños tienen una capacidad para captar aquello de lo que no se habla o que se oculta. Esa tragedia dividió mi vida en un antes y un después. Mi sensación era que nos habían arrebatado el paraíso, que era Valencia, un espacio mítico" (entrevistado por Gonzalo Pajares Cruzado, "Perú.21", 6-5-2008).

Mal viviendo en la calle Canillas, Juanjo acarició pronto el deseo de fugarse de ese barrio desolador: frialdad hogareña, frialdad de las mujeres que lo atraen, frialdad en escuelas y academias; como un oasis, la amistad con un niño lastrado por una enfermedad que lo matará antes de la adolescencia y que le enseña a mirar la calle desde un ángulo transfigurador, y con el que recorre un barrio aledaño al que creen habitado por los muertos. Cuando lo logró, ya joven y luego adulto, descubrió que persistía cual cimiento de su visión del mundo, la calle Canillas: "He visto la Calle, es decir, una especie de versión platónica de mi calle, en otras ocasiones (...) y siempre la Calle era una especie de maqueta del mundo" (p. 104). Por eso las escenas infantiles se entrecruzan con acontecimientos posteriores, en un montaje rico en símbolos (con claves para entender sus novelas), plasmado mediante una prosa ágil, ingeniosa, brillante, con una soltura que nos recuerda a Cortázar.

Millás ha tejido una autobiografía manejado por la erupción de recuerdos indesligables de la reelaboración fictiva que operan los deseos, los sueños y las terapias psicoanalíticas, abriendo y cauterizando heridas como el bisturí eléctrico de su padre. La hemorragia solo paró al arrojar las cenizas de sus padres en el Edén perdido, en el mar de Valencia.

ARGUMENTO
Con la libertad imaginativa de una novela, Millás recrea su infancia en Madrid, en la calle Canillas del bario pobre irónicamente llamado Prosperidad: la amistad con el Vitaminas, la atracción sexual ejercida por Luz, la desazón amorosa que le produjo María José, el maltrato escolar, el despertar literario a los 13 años, etc. En el trasfondo: el hogar pobre y frío, los padres como en una dimensión distante y ese descubrir que las personas poseen un lado oculto.

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