Por Richard Webb
El verano se fue y los baches persisten pero con todo, las noticias de la temporada han sido buenas. Ahora se suman algunos datos sorprendentes de una especie de revolución en el mercado laboral de Lima. Parece que empieza a cumplirse la promesa bíblica, los últimos serán los primeros. Según la encuesta mensual de empleo del INEI, los trabajadores más discriminados --las mujeres, los informales, trabajadores de los servicios y los que tienen menos años de colegio-- han sido los que más se han beneficiado del auge de la economía limeña desde hace cinco años.
Veamos: Mujeres. El salario de las mujeres se ha elevado tres veces más rápido que el de los hombres. El hombre aún gana más, pero la brecha se ha reducido.
Educación incompleta. El poder de compra de los 'ignorantes', los que solo estudiaron primaria, aumentó 11% en términos reales, mientras que el de los titulados por universidades se redujo en 7%, probablemente por la enorme expansión en el número de egresados.
Obreros de fábrica. Los que tuvieron la 'suerte' de conseguir trabajo en una fábrica hoy ganan menos que en el 2003. Por contraste, los que trabajan en actividades supuestamente de menor calidad, como los empleados en establecimientos comerciales y de servicios, hoy ganan 11% más que en el 2003.
Peón de construcción. El sector más favorecido ha sido la construcción donde los meros peones le han volteado la torta a los obreros de fábrica. El salario real del peón subió 19% y, en promedio, hoy supera el salario típico de una fábrica.
Pymes. Los trabajadores en microempresas mejoraron sus ingresos en 12% en términos reales, mientras que los empleados en empresas grandes sufrieron una reducción de salario real de 8%.
Independientes. El ingreso del trabajador por cuenta propia, como son los ambulantes, taxistas y 'combistas', dueños de quioscos, sastres, carpinteros y trabajadores en diversos servicios, aumentó tres veces más que el ingreso de los trabajadores que reciben un sueldo o salario.
En el mercado laboral de Lima, al menos, se ha producido un chorreo al revés. Esta vez la liquidez llegó primero a los de abajo, mientras que los trabajadores que tradicionalmente han sido los de arriba han recibido menos o nada del auge económico. El resultado sorprendería menos si se le hiciera más caso al pasado. La historia es inequívoca: en país tras país el crecimiento capitalista ha dado lugar a una gran elevación del nivel de vida para la mayoría de los trabajadores. Solo así se explica que el ingreso promedio semanal en Alemania, por ejemplo, bordea los 700 euros, contradiciendo las proyecciones pesimistas del alemán Karl Marx quien hace dos siglos aseguraba que el capitalismo terminaría empobreciendo al obrero. El desarrollo más reciente de Corea del Sur, país que hace solo medio siglo era tan pobre como el Perú de hoy, también ha beneficiado enormemente al trabajador, elevando el ingreso semanal a más de 400 euros. Por contraste, el ingreso en la India es apenas 25 euros y en una fábrica del Perú, 55 euros.
Otra lección de la historia es que la discriminación laboral se alimenta de la pobreza y, aunque no desaparece, sí se aminora cuando los empleadores se ven obligados a luchar para conseguir mano de obra, como viene ocurriendo ya no solo entre los empresarios de la ciudad, sino también entre los agricultores de la costa. En la larga perspectiva del desarrollo, el avance reciente es pequeño, casi insignificante, pero el cambio de tendencia es una fuente de esperanza.