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EDITORIAL

Cíclica agresión contra el patrimonio monumental

Es increíble la indiferencia con que se enfrenta la defensa del patrimonio monumental. Estamos matando a la gallina de los huevos de oro, la riqueza que nos diferencia como país y, finalmente, lo que revaloriza nuestra actividad turística.

Sin duda tenemos muchos bienes culturales que no podemos poner en valor, pero el Instituto Nacional de Cultura (INC) bien podría cautelar que aquellos recuperados no sean avasallados ciclícamente.

Por ejemplo, nuestro Diario ha denunciado la venta descarada de doce hectáreas que forman parte del Complejo Arqueológico de Chililí en Lambayeque. Se trata de una transacción ilegal, liderada por un comunero, que incluyó la tala de un bosque de algarrobos y el huaqueo de restos funerarios. Un modus operandi similar se ha observado en Machu Picchu Pueblo (Cusco), donde se responsabiliza al alcalde de comprar un terreno de ocho hectáreas que forman parte del santuario inca y de arrasar un bosque natural para construir en su lugar un orquidiario artificial.

Como hemos opinado anteriormente, cuando de por medio hay obras indispensables para el progreso de las ciudades --como es el caso de las huacas San Marcos y Aramburú, ubicadas en el Cercado de Lima--, lo que corresponde es que las municipalidades y el INC concilien criterios para minimizar el impacto que pueden tener estas remodelaciones en el patrimonio inmueble.

Lo que no puede tolerarse es la inacción, más aun cuando de por medio hay un evidente aprovechamiento y hasta corrupción.

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