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EDITORIAL

No al uso politiquero de los paros

Otra vez minoritarios sectores radicales apelan irresponsablemente al uso politiquero y charlatán de los paros en su afán por llamar la atención y justificar su vigencia política. Eso es lo que subyace tanto en la paralización nacional y regional convocada por la CGTP cuanto en la protesta del presidente regional de Áncash, César Álvarez.

La verdad es que la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP), pese al ostentoso nombre, hoy carece de mayoritaria convocatoria ciudadana. Sin embargo, aprovechan medidas de fuerza, como el paro previsto para julio, con objeto de intentar recobrar algo de protagonismo.

¿Pero con qué fin ulterior? Está claro, como algunos de sus voceros lo han reconocido, que tienen el objetivo de constituirse en un nuevo partido. Más allá de las discrepancias con este nuevo disfraz ideológico de los viejos dirigentes comunistas, lo cuestionable es que en tal intento político recurran a medidas que, bajo coerción, afectan los derechos de los demás y tratan de suspender la vida económica y social de todo un país.

De otro lado, ayer hubo un nuevo paro regional en Áncash, con bloqueo de carreteras incluido. El vocinglero titular regional, César Álvarez, confirma por enésima ocasión que en vez de trabajar por mejorar su gestión pública está empeñado en ser el primer agitador de su tierra.

Así, recurre al infantil discurso de echarle la culpa de todos sus males al Gobierno Central, pero tras esa fachada y su discurso quejumbroso oculta la total ausencia de resultados en su presidencia. Paradójicamente, se trata de la región más rica del Perú, gracias al canon minero, pero con medidas suicidas como este paro regional, solo dejan pasar la oportunidad de sacar a su pueblo del atraso.

La fuerza de la CGTP y de Álvarez no radica, pues, en el apoyo de las grandes masas, sino en la amenaza de violencia y desorden que pueden generar sus piquetes de manifestantes, todo lo cual esconde sus carencias y debilidades. La mayoría ciudadana rechaza estas medidas de fuerza violentistas, por parte de grupúsculos poco representativos, que afectan el orden, la paz social y menoscaban el proceso democrático.

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