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UN DEBATE QUE LLEGÓ A ÚLTIMA HORA

¿Se viene la crisis alimentaria?

Por Ernesto Velit Granda. Analista político

Fue por añadidura de última hora, según algunos o por presión de Ban Ki Moon, secretario general de Naciones Unidas, según otros, que el asunto de la catástrofe alimentaria, como muchos la califican, fue considerado en la agenda de la Cumbre ALC-UE.

La crisis alimentaria se ha instalado en el mundo en un escenario de globalización neoliberal y como parte de sus nefastos resultados.

La Conferencia Especial para la Soberanía Alimentaria, reunida en Brasilia en abril del 2008, interpeló a la FAO y a los gobiernos sobre el papel que les compete en la protección del derecho a la alimentación. Para nadie es ajeno, que los consorcios industriales y las corporaciones hacen sentir su presión sobre los gobiernos, como parte de un sistema económico que les facilita lograr el control de los alimentos y su tecnología, y de esa manera poder ejercer su hegemonía política, económica e, incluso, militar.

Hoy no podemos aceptar que el hambre y la pobreza sean fatalidades producto de algún castigo bíblico. Son el resultado de un sistema que violenta el derecho a la vida digna de las personas. Y todo esto porque, no obstante el fracaso neoliberal y sus consecuencias nefastas, la comunidad internacional insiste en un camino que agota las posibilidades de sobrevivencia de la especie humana. Hoy día 100 mil personas mueren de hambre diariamente, especialmente en África, América Latina y Medio Oriente.

La V Cumbre que acaba de finalizar, no supo darle al tema el lugar que se merecía, no quiso aceptar las predicciones que hombres como Stiglitz y Chomsky han llamado el "cataclismo alimentario", consecuencia de un sistema económico que atenta contra el derecho a la vida, sobre todo de los desheredados de la Tierra.

Aunque la FAO insista que la escasez de alimentos y la brutal subida de precios de ellos, es producto del cambio climático, de una mayor demanda, como si la gente comiera hoy más que ayer, todos sabemos que la especulación irracional de los mercados y el impacto de los agrocombustibles, particularmente este último, provocan la disminución de tierras dedicadas al cultivo de alimentos de primera necesidad, sobre todo en lugares donde ya existe la hambruna.

La ausencia de soberanía alimentaria pone en riesgo la soberanía de los países, además de atentar contra el derecho humano a la alimentación. Los campos de maíz, caña, soya, hoy en manos de grandes consorcios, son destinados a suministrar energía a los países ricos.

Ya las protestas populares, alentadas por el hambre, han estallado en algunos lugares y amenazan extenderse. Al problema de la producción se agrega la injusticia de la distribución, la crisis de la solidaridad y de los valores humanos.

Según el Banco Mundial, los precios de los alimentos han subido 83% en los últimos 3 años, así el trigo subió 120%, y las reservas de cereales han caído a su nivel más bajo de los últimos 25 años. No podemos negar que estamos ante una crisis alimentaria de alcance mundial, que se agrava con la crisis financiera. De continuar el desarrollo de los biocombustibles, que la Cumbre ALC-UE debió condenar, terminará consolidándose un modelo de producción que amenaza a la especie humana como nunca antes en la historia de la humanidad.

Es un compromiso moral de los gobiernos detener esta amenaza producto de la larga noche neoliberal. La Cumbre ALC-UE perdió la oportunidad de hacer historia al no darle el lugar que se merecía.

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