Por Rocío La Rosa Vásquez. Enviada Especial
BRASILIA. El presidente brasileño, Luis Inácio Lula da Silva, anfitrión y autor de la propuesta de crear un consejo de defensa en esta parte de la región, esperaba ayer con mucha expectativa que la iniciativa pudiera terminar de ver la luz durante la sesión para la firma del Tratado Constitutivo de la Unión de Naciones Sudamericanas. Pero Lula tendrá que guardar ansias al menos por 90 días porque, pese a haber tenido un eco positivo de la mayoría de países miembros, como Venezuela, Perú, Bolivia, Ecuador y Chile, resultó insuficiente. El plazo fue sugerido por su par chilena, Michelle Bachelet, quien ayer asumió la presidencia pro témpore de este nuevo foro regional.
"Vamos a apoyarlo (el consejo de defensa sudamericano) por considerar que es un paso positivo", adelantó ayer el presidente Alan García a la prensa a su llegada a Brasilia. Aunque expresó la necesidad de establecer algunas condiciones. "(Ese consejo) debe significar que todos los países hagan un firme compromiso de no caer en la política armamentista y de fortalecer sus lazos de confianza común".
Sin embargo, quien fue más enfático a la hora de establecer parámetros fue el colombiano Álvaro Uribe, quien reemplazó condiciones por reflexiones. Para él, antes de instalar una oficina de seguridad los países miembros deben demostrar su rechazo al terrorismo. "No es el momento para que participe en esa oficina", reiteró, luego de reunirse con Lula. Su postura es reflejo de sus diferencias con Chávez y Correa, aunque precisó que no se trata de un asunto de personas.
Sin embargo, tanto Lula y Bachelet negaron que la postura colombiana se traduzca en un fracaso para crear dicho consejo. "Fracaso hubiera sido si los jefes de Estado y de Gobierno hubiesen decidido no trabajar en eso", afirmó Bachelet a la vez que anunció que el resultado de esos tres meses de trabajo se analizará en una nueva cumbre subcontinental sin fecha definida.
"Desde hace seis años estoy en la Presidencia de Brasil. Cada vez que debatimos una propuesta de acuerdo que involucra a uno o más países, a veces tardamos meses discutiendo, y tiene que ser así hasta que todos estén convencidos", tranquilizó Lula.
En cambio para Rafael Correa y Hugo Chávez el consejo puede prescindir de su vecino. "Igual Venezuela pudiera no estar de acuerdo con algún proyecto específico y pudiera apartarse de él. Eso es válido", apuntó Chávez. El canciller boliviano, David Choquehuanca, prefiere que el tema siga siendo debatido por los presidentes.
DE PADRES SEPARADOS
La partida de Unasur se sentó ayer en las instalaciones del Centro de Convenciones Ulises Guimaraes, pero el nacimiento encuentra a tres de sus padres aún enojados: Correa, Uribe y Chávez. Por eso ayer, cuando se hablaba de que su apellido sería integración, sonaba un poco a broma.
El mandatario anfitrión enfatizó que Unasur "se construye sobre el proceso de integración del Mercado Común del Sur (Mercosur, integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay ), la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y los países del Caribe" y que las decisiones de cada uno de sus miembros serán tomadas por consenso. "Queremos avanzar rápidamente con proyectos innovadores en áreas prioritarias como integración financiera y energética, infraestructura regional y de conexiones viales y ferroviarias", explicó.
El presidente de Bolivia, Evo Morales, subrayó que este tratado no refleja posiciones particulares y que no permitirá más imposiciones de ninguna potencia ni inviolabilidad territorial. No dijo qué potencias.
Horas antes Chávez hizo público el compromiso de estos "gobiernos de izquierda" para "dinamizar toda la unión de Sudamérica". Es más, consideró que nunca antes se ha avanzado en estos mecanismos de alianzas en esta parte del mundo.
Correa aprovechó para lanzar su propuesta de que Unasur también se convierta en brazo ejecutor e impulsor del Banco del Sur, una entidad financiera para atender las necesidades de desarrollo de nuestros pueblos. Por ahora solo queda esperar.
Chávez y Uribe se dieron la mano" Fue una conversación de varios minutos, muy distendida", dijo Chávez apenas unos días después de haber señalado en Lima, durante la Cumbre ALC-UE, que para conversar con Uribe tendría que descender al pantano.
Uribe contó su versión: "Saludé al presidente Hugo Chávez, quien estaba acompañado por su hijita. A la niña le di un beso, y le dije: Tu generación tiene que vivir feliz, sin los problemas de nosotros los mayores".
DEL CONSULTOR
Un conejo de la galera regional*
La inercia y el error acaban de ratificar su vigencia en la región con la articulación de la Unasur. Luego de su sorpresiva y bolivariana aparición en la agenda sudamericana el año pasado para reemplazar a la abortada Comunidad Sudamericana de Naciones, nuestros países acaban de procurarse una nueva entidad en una región excedente en ellas.
Para insistir en su nacimiento se invocó un lugar común: los requerimientos de integración como ocurre desde 1960 con la creación de ALALC sin que sus derivados (Aladi, Mercosur, el Acuerdo de Cartagena, la CAN) hayan logrado articular siquiera una unión aduanera seria. Peor aun, se llega a la Unasur en medio de una fragmentación política e ideológica. Con beligerantes estados fallidos (Bolivia), expansivos estados autoritarios (Venezuela) y en plena reversión de los principios comunitarios liberales consolidados hace apenas una década.
Este escenario fragmentado pretende organizarse en base a un nuevo 'principio' --la 'diversidad'-- como si este pudiera producir súbita cohesión e identidad en una realidad abundante en principios, e intereses en conflicto. Sobre esa base no hay integración posible y lo que sí lo es (la cooperación en infraestructura física) queda subordinada a una superestructura megalómana. De momento esta desea establecer un consejo de defensa regional ignorando que la percepción de amenaza no es convergente en el área como tampoco lo es la dimensión hemisférica de la seguridad colectiva. Si Sudamérica requiere mayor interdependencia (17% del comercio es ridículo), no se avanzará reiterando el error de estos grandes diseños. En momentos de conflicto ideológico es bueno optar por soluciones concretas. Unasur no apunta en esa dirección.
*Alejandro Deustua. Internacionalista