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EL LADO OCULTO. JESÚS HUAMÁN, GERENTE DE DESARROLLO DE NEGOCIOS DE IPCOM TECHNOLOGIES

¿Y Jesús? En el cielo, pues

A ÉL LE GUSTA SACUDIRSE DE LA RUTINA. SE HA LANZADO DEL PUENTE VILLENA, DE MÁS DE UNA AVIONETA. PERO NADA DE ESO SE COMPARA CON IR POR AHÍ (ATRAVESANDO CUANTA NUBE HAY)

Por Antonio Orjeda

Hijo de maestros, Jesús fue siempre un alumno aplicado. Jamás hubo que arrearlo, Jesús era un ejemplo de responsabilidad. Pero cuando se aburría... Ayayay, cuando Jesús se aburría, ¡se aburría!

A fines de los años 80, cuando él tenía 13 y mientras al ritmo de Roller Boogie Lima era invadida por ejércitos de muchachos en cuatro ruedas, Jesús recibió el llamado de Chicho Córdova, hoy oficial de la PNP, que entonces lo invitó a ser parte de una locura: deslizarse por la bajada Armendáriz.

"Una vez que empiezas, con la velocidad que agarras en los primeros 20 metros, ya no hay vuelta atrás". Tomaron la curva de la derecha, la más cerrada. El viento jamás antes había dado con tanta fuerza contra su cara. "Cuando creímos que todo había acabado y que ya no íbamos a gran velocidad, frenamos. Cuando nos dimos cuenta, de nuestros frenos de jebe no quedaba nada".

Una vez en casa, Jesús volvió a sus libros.

RUTINA NO
Ingeniero mecánico con maestría, Jesús era un joven ejecutivo cuando a todos en la empresa les llamó la atención eso que tenía en el cuello.

Diez centímetros de largo por dos de ancho. Una quemadura. Los equipos para hacer puenting de entonces no eran de espuma sintética. ¿Qué había pasado? Mientras Jesús caía desde el puente Villena, la cuerda le había quemado el cuello. "La gente especulaba sobre qué podía haberme pasado".

Siguió el paracaidismo. Jesús, ¿por qué lo haces? "Yo vivo metido en el trabajo, pero de repente me llega una necesidad de romper con la rutina y hacer algo divertido". No, a él no le planteen salir a correr: le aburre dar vueltas a un mismo lugar, ver los mismos lugares de siempre.

Intentó con el kitesurfing pero no recibió más que golpazos contra el mar. Algo parecido le pasó con el kayak. "La corriente me arrastró unos 100 metros, terminé con las piernas raspadas y una costilla fisurada". Todo, sin embargo, cambió dos años atrás, cuando Jesús comenzó a volar.

"Uno está acostumbrado a ir por tierra siguiendo rutas o direcciones que otros han establecido. Volar, en cambio, te ofrece ir por casi donde tú quieras, a la altura que decidas, a velocidades mucho mayores".

Cómo será que le gusta, que Jesús ya tiene licencia de piloto. Hacer tu primer solo, no hay experiencia como esa, asegura. "Tú estás en la avioneta y, sin previo aviso, el instructor se baja y te dice: "Ok, vuela solo"... Y cuando estás en el aire te das cuenta de que realmente estás solo. Todo depende de ti y, no sé, será el instinto de conservación, pero te acuerdas de todo lo que has aprendido. Te vuelves brillante".

Hoy, es a esto a lo que más se dedica pero, como era de esperarse, Jesús ya le puso el ojo a otro objetivo: alcanzar la cima del Huascarán. Espera hacerlo estas Fiestas Patrias.

Y mucho más adelante, cuando ya esté retirado, quiere solo dos cositas: ser profesor (como sus padres) y, obvio, ser instructor de vuelo (para volar sin tener que pagar por ello).

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