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El canibalismo político y el rentismo electoral

Por: Juan Paredes Castro |

La política peruana no necesita de una noche de cuchillos largos para una orgía de canibalismo.

Si de las elecciones generales del 2011 se trata, bastan y sobran los cuchillos tomados a plena luz del día y perfectamente administrados desde ahora para parecer imperceptibles.

La concertación del fujimorismo, del humalismo y de Unidad Nacional (¡Quién lo creyera!), para evitar la distribución de utilidades entre trabajadores que actualmente no las reciben, dejó el último jueves boquiabiertos a trabajadores mineros y de construcción civil, que lo que menos esperaban era que el voto del Partido Nacionalista ( ¡el partido de los pobres!) les fuera adverso.

Ollanta Humala apareció el viernes dispuesto a dorar la píldora a la Federación Minera y a la CGTP. Por más vueltas que dio en su conferencia de prensa quedó perfectamente claro por qué el Partido Nacionalista votó contra la extensión de utilidades a trabajadores con contrata. Sencillamente porque el pago de estas afectaría el remanente que algunas regiones reciben de las empresas mineras. Digamos que entre los ingresos millonarios que maneja César Álvarez en Áncash, gracias a Antamina y Barrick, y los que podrían percibir mineros y obreros de distintos sectores, por la vía de las utilidades, el humalismo escogió defender a los primeros.

Para Unidad Nacional y el fujimorismo, su oposición a la extensión del pago de utilidades estaba en su línea política coherente. Pero estos dos grupos políticos, junto al humalismo, demolieron la chance de aprobación de un proyecto de ley aprista que traía consigo una fuerte carga redituable a favor del régimen. La lógica de no procurarle el menor éxito posible al gobierno de turno, de cara a ciertas expectativas laborales, acabó por mellar profundamente al humalismo y por colocar a Unidad Nacional y al fujimorismo nuevamente muy lejos de la curva de responsabilidad social que de alguna manera venían asumiendo.

Aparentemente nadie quiere perdonarse la vida de aquí al 2011, con el agravante de que este despiadado canibalismo termina desangrando los intereses del país.

A partir de ahora todo el que aspira al poder o sueña con él está avisado de lo que le espera a la vuelta de la primera esquina en el maleado barrio de la política urbana y hasta rural.

Para el humalismo, por ejemplo, es más fácil transar votos para su campaña del 2011 con presidentes regionales de billetera gorda, que ceder posiciones a favor de reformas constitucionales con las que precisamente la política peruana podría ser realmente madura y decente.

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