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INFORME. EL NARCOTRÁFICO GOLPEA

El terrible flagelo de Latinoamérica

En el último lustro, los cárteles de la droga han utilizado varios países de la región como centros de acopio y reexportación de embarques ilícitos, a fin de evitar los estrictos controles

El fenómeno del narcotráfico se ha extendido por América Latina. Así lo confirman las cifras oficiales recogidas en este reportaje especial sobre el dominio o la territorialización del tráfico de drogas elaborado por el Grupo de Diarios de América (GDA).

Cada nación, de acuerdo con sus particularidades y el rol que desempeña en el pingüe negocio de la producción y comercialización de estupefacientes, lo sufre de manera diferente. Pero existe un consenso: estamos ante un problema cada vez más acuciante y que ya resulta un enorme reto para los gobiernos y sociedades del continente.

A contrapelo de lo que sostienen los defensores de la hoja de coca, la venta de cocaína y pasta básica ha dejado de ser un mal exclusivo de los países ricos. Los informes de los miembros del GDA desmienten categóricamente tal afirmación. El consumo de drogas se ha incrementado en la mayoría de ciudades de la región agravando las contingencias de seguridad y de salud pública. Allí donde se comercializa cocaína y pasta básica la delincuencia se dispara, el abandono escolar se incrementa y la salud de los ciudadanos (en especial la de los jóvenes) se deteriora aceleradamente.

LOS PRODUCTORES
Desde los años 70 y 80 Bolivia y Perú tuvieron el dudoso honor de convertirse en los principales productores de hoja de coca y pasta básica de cocaína del mundo. La conversión en cocaína de estos productos y su posterior envío al resto del orbe estuvieron a cargo de traficantes colombianos. Pero desde fines de los 80 y comienzos de los 90, por impulso de los cárteles de la droga, Colombia se transformó inesperadamente en el primer productor de hoja de coca del mundo, sin que este cultivo sea originario de dicha nación.

La expansión de campos de coca en los tres países citados tuvo como inmediata consecuencia que en esas amplias e inhóspitas zonas se asentara el poder de los capos. Durante los años del primer 'boom' de la coca (del 80 al 95), el Huallaga, una extensa región ubicada en la selva central peruana, se convirtió en el paraíso del narcotráfico. Allí, en medio de los bosques, los pantanos y con el respaldo de la violencia más criminal que haya sacudido al Perú (desatada por Sendero Luminoso), prosperaron, se arruinaron, murieron o fueron encarcelados decenas de barones de la droga.

Según los analistas, el valle del río Apurímac y Ene (VRAE, ubicado en el centro sur del país) es hoy el principal productor de cocaína del Perú. Por su ubicación estratégica en esta cuenca, los poblados de Sivia, Llochegua y Canaire vieron erigir modernos laboratorios para procesar droga. La organización que alcanzó mayor renombre fue la de Óscar Rodríguez Gómez ('Turbo'), quien fue detenido a fines del 2005. Tras la caída de 'Turbo' pronto sus competidores se encargaron de mantener la regularidad de los envíos de cocaína hacia México.

Colombia, ni qué decir, es otro gran productor. Pero en años recientes sus poderosos cárteles han perdido su otrora capacidad de corrupción y dominio. Hoy, según la policía, solo existen organizaciones de narcos con influencia en los llanos orientales, región desde la que envían coca a México y Estados Unidos a través de Venezuela y Brasil.

Informes de inteligencia, sin embargo, aseguran que los cárteles colombianos ejercen presión mediante ejércitos privados, conformados por paramilitares desmovilizados de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), aunque sin tener control territorial.

Su área de influencia comprendería grandes extensiones de cultivos de coca en esos departamentos, ríos y esteros utilizados para sacar la droga hacia las costas y zonas con dificultades topográficas que complican el acceso de los organismos de seguridad.

El último estudio de la Oficina contra el Delito y las Drogas de Naciones Unidas, revelado en el 2007, sobre los censos de zonas cultivadas en el 2006 muestra que el área afectada en el país alcanza las 78 mil 260 hectáreas, lo que significa una disminución del 9%, comparado con el 2005 cuando el área sembrada de hoja de coca llegaba a 86 mil hectáreas.

En departamentos como Magdalena, Meta, Guaviare, Nariño y Antioquia, estas bandas delinquen en alianza con la guerrilla de las FARC, que financia gran parte de su gasto del conflicto con los dividendos del narcotráfico, aunque ya no a la escala en que lo hacía dos años atrás y que le significó que los Estados Unidos los incluyera en la lista de los grandes cárteles de la mafia desde el 2001.

ACOPIO Y REEXPORTACIÓN
Los narcotraficantes siempre están innovando. Modernos y más baratos modos de producción de coca y sus derivados, diversas formas de comercialización y, por supuesto, nuevas rutas para enviar cocaína a los mejores mercados. En el último lustro, los cárteles han utilizado varios países de la región como centros de acopio y reexportación de embarques ilícitos, a fin de evitar los estrictos controles que inspeccionan las cargas que provienen principalmente del Perú, Bolivia y Colombia. Venezuela, Ecuador, Chile y Argentina son las naciones que más se han visto afectadas por dicha modalidad.

Los cálculos del Departamento de Estado estadounidense indican que por el territorio venezolano transitan anualmente entre 200 y 300 toneladas métricas de drogas.

Los medios de transporte preferidos por los grandes grupos de traficantes son los aéreos, debido a la escasa vigilancia de los cielos venezolanos, especialmente en las regiones sur y oriental del país. Pequeñas avionetas hacen vuelos casi rasantes por la llamada ruta amazónica, que conecta a los llanos orientales colombianos con los estados Bolívar, Monagas y Delta Amacuro, siguiendo el curso del río Orinoco.

Las aeronaves aterrizan para tomar combustible en pistas clandestinas ubicada en fincas de Bolívar, Guárico y sur de Monagas, adquiridas por supuestos paramilitares del grupo Águilas Negras, ex miembros de las Autodefensas Unidas de Colombia. Luego lanzan los alijos de drogas en la costa caribeña.

Ecuador padece un problema semejante, solo que allí el narcotráfico utiliza una estrategia de carrusel. El espiral se inicia en la zona norte de Sucumbíos, fronteriza con Colombia, donde poblaciones como Puerto Nuevo y Puerto El Carmen son los puntos de acopio de la coca. Los militares ecuatorianos, junto con la Policía, sostienen que en esa primera parte del tráfico están comprometidas las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), especialmente el denominado Bloque Sur, que controla el departamento del Putumayo colombiano. Los insurgentes --según Inteligencia-- son los encargados del acopio de la base y de organizar su traslado hasta Esmeraldas, provincia costera ecuatoriana.

La droga viaja por carreteras de segundo y tercer orden del Ecuador, desde la Amazonía, para luego regresar a Colombia, a través del departamento de Nariño. Al otro lado de la frontera, se encuentran los laboratorios más grandes para el procesamiento de clorhidrato de cocaína, con una producción aproximada de 600 toneladas al año.

El estupefaciente refinado retorna vía fluvial o terrestre a Ecuador para ser enviado al exterior. El acopio de la mercadería ilegal se efectúa en urbes como Santo Domingo, Quito, Guayaquil. La droga, luego se reenvía a los mercados internacionales desde los puertos marítimos de las provincias de El Oro, Guayas y Manabí. Otros puntos de salida son los terminales aéreos de Quito y Guayaquil.

En el caso de Chile, su lucha contra las drogas tiene en la geografía un inesperado enemigo. Sus vecinos del norte, Bolivia y el Perú, son líderes en la producción de cocaína, y por las fronteras de estas naciones (215 kilómetros del Perú y 914 kilómetros de Bolivia), existen 106 pasos habilitados por narcotraficantes para cruzar cargas ilegales evitando los controles fronterizos (según Carabineros, la policía chilena).

"La droga está entrando muy fácilmente. Puedes cruzar por donde quieras, a cualquier hora", dice el senador Jaime Orpis, creador de la Corporación La Esperanza, que se dedica a la rehabilitación de drogadictos. "En Colchane, por ejemplo, los burreros pasan a 200 o 300 metros del paso habilitado, sin que nadie pueda hacer nada".

A la fiscalía chilena le preocupa más el tránsito de las sustancias que el consumo. "Países como el Perú, Bolivia y Colombia envían droga a Europa desde Chile", dice Manuel Guerra, director de Drogas de la fiscalía. "Y como no somos un país productor, las cargas que llevan los barcos no son objeto de sospecha. Es algo muy negativo, pues cuando se encuentran las cargas en el extranjero daña muy negativamente la imagen del país".

Otro de los países que ha sido transformado en un trampolín para la reexportación de droga es la Argentina. A esta nación la cocaína llega refinada principalmente desde las fronteras del norte (con Bolivia y Paraguay), luego ingresa a Buenos Aires y desde allí es reenviada a Europa, principalmente por barco, o a los Estados Unidos, adherida al cuerpo o ingerida en cápsulas por las "mulas" que las transportan por avión de línea.

Mientras, en México, los narcotraficantes de ese país han consolidado su poder en América Latina, a través de alianzas con las organizaciones criminales de países como Colombia Guatemala, Honduras y Nicaragua, que les han permitido mantener su hegemonía en las rutas de trasiego de drogas hasta Estados Unidos, donde son los principales distribuidores de narcóticos, aún por encima de los capos colombianos, sus principales socios.

Así lo revelan los más recientes informes del Departamento de Justicia de Estados Unidos, de su agencia antidrogas (DEA) y de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), que han documentado el creciente poder de los cárteles mexicanos de la droga, así como la forma en que operan en países latinoamericanos.

El Gobierno Estadounidense estima que casi el 90% de la cocaína que llega a su país pasa por el corredor América Central-México, donde organizaciones como la Federación --la alianza de los cárteles de Sinaloa y Juárez--, así como la del Golfo, controlan las rutas de paso de los cargamentos de droga en territorio mexicano.

En Costa Rica, en cambio, si bien el consumo local de cocaína es relativamente menor, su mar territorial es una ruta frecuente de traficantes que envían droga desde Sudamérica con la esperanza de que arribe a los Estados Unidos o Europa. Entre mayo del 2006 y febrero del 2008, las autoridades ticas --con ayuda del patrullaje marítimo de los Estados Unidos-- decomisaron 60 toneladas de cocaína. En tierra se incautaron 4,7 toneladas de esa droga.

VENTA AL MENUDEO
Indudablemente, las ciudades que más se han visto afectadas por el avance del narcotráfico en el Continente son las brasileñas Río de Janeiro y Sao Paulo. Muchos de sus barrios pobres o favelas hoy son pasto de los narcos.

En lo alto del conglomerado de 12 favelas --enclavadas en el macizo que se extiende por los barrios de Ramos, Inhaúma, Bonsucesso, Olaria y Penha, en el suburbio de Río --, los traficantes invaden incluso la frecuencia radial de la policía. En una demostración de poder, intentan intimidar a los agentes, llamándoles gusanos y amenazándolos con matarlos.

El dominio territorial ejercido por los traficantes en la región es sostenido por armas de guerra. Metralletas antiaéreas y fusiles, como el AK-47 (ruso) y el AIRE-15 (americano) son gatillados por jóvenes en las calles de la comunidad. La facción criminal responsable por la venta de drogas en el Complejo del Alemán actúa en red, en alianza con socios de diversas favelas de la ciudad e imponiendo sus leyes a sus habitantes.

Dada la gravedad de lo que ocurre en Brasil, la presencia del narcotráfico en otras ciudades del continente parecería ínfima en comparación, pero no es como para ignorarla.

Chile, por ejemplo, cuenta ya con un mercado de consumidores. El senador Jaime Orpis, asegura que "hace mucho tiempo que Chile dejó de ser país de tránsito y hoy es totalmente consumidor. El tema es dramático. Consumen escolares, mujeres y adultos. No es un problema exclusivamente adolescente, como se dice".

Según cifras del Estudio Nacional de Drogas de Conace, realizado en 2006, en el país 640.420 personas consumen uno o más estupefacientes. La droga más utilizada es la marihuana, favorita de 609.703 personas. La siguen la cocaína, con 105.134 consumidores; la pasta básica, con 50.000 usuarios y otros alucinógenos, con más de 25.000.

El mismo estudio explica que el uso de la cocaína y la pasta básica se ha mantenido estable en los últimos años. Caso contrario al de la marihuana, que desde 2004 ha incrementado su número de usuarios en casi 200 mil personas. "Chile es el segundo consumidor de cocaína en América Latina y el primer consumidor de marihuana", asevera Orpis. "Esta última droga se incorporó a la sociedad y es casi parte de nuestra cultura. Se cree que no es dañina, pero la que se consume acá es manipulada genéticamente".

Una situación similar se manifiesta en Venezuela. Las estadísticas de la Oficina Nacional Antidrogas (órgano rector de la política antidrogas venezolana) indican que durante 2007 fueron atendidas 6.604 personas en los centros de tratamiento y rehabilitación registrados en el país. Esta cifra representa un crecimiento del 1,2 % con respecto al año anterior. Pero es apenas un reflejo de la situación. La comisaria jubilada Odalys Caldera, directora de la ONG Alianza para una Venezuela sin Drogas, señaló que en materia de uso de psicotrópicos la cifra de casos no reportados es muy alta. El presidente de la fundación José Félix Ribas, Juvenal Villasmil, reveló que han tratado a niños de 8 años de edad bajo los efectos del crack. "Tenemos inicios precoces en el consumo. Ahora estamos viendo adictos adolescentes, cuando antes la gente comenzaba a consumir en esas edades, y se hacía adicta a los 21 años de edad. Estamos ante un problema de salud pública", explicó.

En la Argentina, asimismo, la última encuesta nacional sobre consumo de drogas de fines de 2007 reveló que casi 500.000 personas en dicha nación tomaron cocaína el último año (2,6 % de la población de entre 12 y 65 años), 1.200.000 fumaron marihuana (6,9 % de la población) y unos 85.000 fumaron paco (pasta básica).

En la Argentina, la captación del poder territorial por parte de bandas de narcotraficantes no se verifica en grandes ciudades o territorios, sino que se da en algunos barrios marginales de la ciudad de Buenos Aires y en el gran Rosario y el gran Córdoba, en el interior del país.

Por la violencia que exhibió en su lucha por el control de la villa 1-11.14 en la Ciudad de Buenos Aires, en el barrio del Bajo Flores, con 15 muertos producto de la lucha entre facciones, los peruanos de la banda de Marcos despertaron el interés de las autoridades. Se detuvo en Paraguay al supuesto jefe de la organización, Marco Estrada González, al parecer ex miembro de Sendero Luminoso.

Costa Rica es otro cuento. De precio accesible (US$1 la dosis), pero de efectos devastadores, el crack --una combinación de cocaína con bicarbonato-- cambió la fisonomía de este pequeño país. En cada barrio populoso existe al menos un punto de venta. De esta forma, los traficantes extienden sus redes de distribución de costa a costa y de frontera a frontera. En el transcurso del 2007, los agentes antidrogas desarticularon 284 puestos de expendio de dicha droga. Este año, en el primer trimestre, hicieron lo propio con otras 62. La clientela crece a un ritmo acelerado. En el centro de la capital, 2.000 adictos deambulan por un área de escasas 10 cuadras.

En cuanto a Puerto Rico, su posición geográfica y sus vínculos político-económicos con EE.UU., hacen de esta isla caribeña un lugar idóneo para traficar drogas ilegales a Norteamérica y las Antillas Menores. Por ello en las pasadas décadas varias barriadas y complejos residenciales públicos en zonas urbanas se convirtieron en ciudadelas armadas, donde la droga impuso la ley marcial de los grandes cárteles de droga.

Un trabajo en conjunto del GDA
Participaron en la elaboración de este reportaje: Hernán Cappiello, "La Nación" de la Argentina; Sérgio Ramalho, "O Globo de Brasil"; Matías Bakit y Andrea Sierra de "El Mercurio" de Chile; Redacción de Justicia, "El Tiempo" de Colombia; Otto Vargas M., "La Nación" de Costa Rica; Redacción Judicial, "El Comercio" de Ecuador; Silvia Otero, "El Universal" de México; Pablo O'Brien, Unidad de Investigación de El Comercio del Perú; José A. Sánchez Fournier, "El Nuevo Día" de Puerto Rico; Fabián Muro, "El País" de Uruguay; y Javier Ignacio Mayorca, "El Nacional" de Venezuela.

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