Por Élida Román
Desde 1994, año en que egresara de la Facultad de Arte de la PUCP con el premio a la mejor obra escultórica del año, y por una década, Cristina Planas participó en muestras colectivas importantes, y realizó una única exposición personal (2000). Desde entonces, y hasta la presentación de ahora, en la galería 80m2, ha sido notoria la ausencia de esa obra suya, caracterizada por la aguda ironía, el comentario desprejuiciado y libre, expresados a través de formas realistas y, a la vez, imaginarias o, en todo caso, como materializaciones de vivencias y sentires íntimos. "Lima" es una presentación ambiciosa y cuidada, que propone una visión directa y carga un complejo sentido de testimonio y admonición. La primera planta de la galería ha sido tomada por la artista, quien cubre piso y muros con un mapa silueteado de la ciudad, presentado como una enorme mancha gris, con rótulos para los distritos y rodeado, como un cinturón aprisionador, por un extenso discurso referido a la condición y situación de los niños representados en sus esculturas, niños comunes, solo vistiendo breve ropa interior, descalzos, frágiles y creíbles, por su aspecto y su talla, y, sin embargo, vueltos símbolo de una inocencia que se defiende y protege de la constante agresión.
Planas ha recurrido, una vez más, a la resina acrílica policromada, material que le permite conseguir esa sensación de proximidad absoluta a la piel, a aceptar como cuerpos reales a estas figuras pequeñas y hasta encantadoras. Material que también le permite esa expresión hierática de los rostros, entre crispación y rostros muertos, ojos secos, bocas entreabiertas al borde de la mueca, órbitas desgastadas, pieles demasiado blancas y quizás heladas.
Dispuestos en el centro de esa suerte de alfombra geográfica, estos niños abandonan la inocencia que inspiran, portando un pasamontaña, escondiendo armas, juguetes simbólicos que el tiempo volverá reales, o aparecen enguantados y con mascarilla, o se transfiguran en pequeña deidad o superhéroe protectores.
En el texto que pasea por todo el ambiente, se identifica a estos enemigos presentes en la 'Horrible': la violencia, la contaminación, el asalto, el peligro en constante presencia.
Complementa la muestra un estupendo registro fotográfico de estas figuras, en que interviene el espacio real de la ciudad, aun con el auxilio policial, imágenes muy bien registradas por Juan Carlos Martinat, al parecer cómplice de Planas en este muy buen proyecto. Que sea el comienzo de la nueva etapa de una artista necesaria.
En el segundo piso de la misma galería, Santiago Quintanilla Flores presenta "Lo mejor está por venir--Historia gráfica de Lima y sus desastres 1983-2007", conjunto de recreaciones de primeras planas de diarios locales, intervenidas con registro pop, que hacen un inventario selectivo de catástrofes y malos momentos no solo de la vida limeña, sino también nacional. Registro, recuento, memoria. A medio camino entre todos ellos, pero sin lograr superar la banalización que el mismo tratamiento elegido ocasiona sobre los documentos reales. Intento interesante porque está realizado con cuidado y prolijidad en la elección, pero que podría servir de punto de partida para indagaciones más efectivas en el resultado.