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EL INFORME DEL DOMINGO. TRATA DE PERSONAS

Hoteles permiten explotación sexual de menores en Tarapoto

Personal que labora en los hospedajes calificados por el Mincetur y que ha sido capacitado para rechazar el turismo sexual en esta ciudad no cumple con sus funciones

Por Elizabeth Salazar Vega 

"¿Cuál quieres? Tengo una de 17 y otra de 15". Por la ventana de la cabina de Internet se alcanza a ver a las dos adolescentes de espaldas, chateando frente a la computadora, ajenas a la transacción que están por finiquitar los dos sujetos en la cuadra 3 del jirón Juan de la Riva. Faltan quince minutos para el mediodía y el aire parece estar estancado. El calor pone en evidencia a aquellos que son ajenos a Tarapoto y Germán, el proxeneta, parece notar los estragos en su cliente, por lo que apura el trámite. "Dame para la movilidad y te la llevo al hotel en 5 minutos". Hecho.

El mismo mototaxista que lo guio hacia donde estaba Germán lo lleva ahora de regreso a su hotel: el Posada Inn, a media cuadra de la Plaza de Armas. "Sí (podemos dejar que ingrese con alguien), pero bajo su responsabilidad porque algunas 'pepean' a los clientes". La respuesta que la administradora del hotel, Claudia Arévalo, había dado al visitante media hora antes de que este saliera en busca de Germán, le daba luz verde. Más aun, si el proxeneta confesó que ya había metido chicas allí, sin presagiar que el parroquiano no era un cliente más que se sirve de la red de turismo sexual sino un periodista que participó en este reportaje.

Según la Organización Mundial del Turismo, unos 3 millones de personas recorren el Sudeste Asiático, África, Centroamérica y Latinoamérica para conseguir sexo con niños y adolescentes. La especialista Liz Meléndez, de Flora Tristán, explica que en el Perú las víctimas tienen entre 10 y 17 años, que provienen de ciudades de la selva, Cusco, Arequipa y La Libertad. Los victimarios: turistas nacionales y extranjeros (Estados Unidos y Europa), además de comerciantes al paso que acuden a bares en los distritos de San Hilarión y Nueva Cajamarca.

El 2006, el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur) suscribió un convenio con Unicef para concientizar a los administradores de hoteles, restaurantes y agencias de viaje en la lucha contra el turismo sexual de menores, además las ONG y municipalidades decidieron instalar grupos multisectoriales en sus provincias como la Mesa de Trabajo para la Prevención de la Explotación Sexual que se formó en Tarapoto. A partir de entonces se realizan capacitaciones y se distribuyen distintivos con el logo de la campaña, pero parece que aún no se logra el efecto deseado.

El Posada Inn es uno de los 10 hoteles clasificados por el Mincetur como óptimo, de entre los más de 80 que existen en Tarapoto. Paradójicamente el local funciona como sede de charlas contra la explotación sexual de menores y sus dueños pertenecen a la Cámara Regional de Turismo de Tarapoto, institución que entre sus funciones está velar por la promoción de un turismo responsable.

LA RUTA DEL NEGOCIO
Este Diario localizó a uno de los 8 grupos de proxenetas que se dedican a la trata de menores en Tarapoto. Estos sujetos son contactados vía celular por inescrupulosos recepcionistas de hoteles para que les lleven jovencitas, pero lo más común es que los mototaxistas les provean clientes a cambio de 10 soles.

Los proxenetas trabajan en bares, chifas o clubes nocturnos donde tienen a adolescentes captadas en Yurimaguas y Moyobamba con falsas ofertas de empleo y luego retenidas por supuestas deudas contraídas durante el traslado. Las oriundas de Tarapoto o distritos anexos son estudiantes de secundaria que han sido chantajeadas o enamoradas por otros miembros de la banda para inducirlas a la prostitución. Les dan celulares para localizarlas en cualquier momento --así estén en el colegio-- con el fin de entregarlas a los turistas y luego de unos meses las motivan a ingresar a los bares de modo permanente. La mayoría de ellas cree que es la única forma que tienen para obtener dinero, más aun cuando los proxenetas las vuelven adictas a drogas, alcohol o las embarazan. Ellas reciben el 30% de lo que obtiene el proxeneta, quien cobra entre 40 y 130 soles dependiendo de si el turista es nacional o extranjero.

"Concientizar es un trabajo de hormiga, pues hasta en la fiscalía y la policía existe personal que no cree que esto sea un problema", explica Martha del Castillo, de Cedisa, una de las pocas ONG que ha abordado el tema en Tarapoto.

CON LOS OJOS VENDADOS
La Guía de Prevención de la Explotación Sexual de Niños y Adolescentes, elaborada por el Mincetur, señala que los trabajadores de hoteles solo pueden dejar pasar a personas hospedadas y deben solicitar el DNI a sus acompañantes, en caso contrario, podrían ser sancionados por favorecer la prostitución, lo que es penado hasta con 14 años de cárcel.

"Los socios de la cámara regional son selectos. Ese tipo de delitos se comete en burdeles u hospedajes de baja categoría. Aquí estamos comprometidos en frenar el turismo sexual de menores", sostiene María Luisa del Águila, presidenta de la referida institución.

Nos comunicamos con Claudia Arévalo, administradora del Posada Inn, quien aseguró que no deja ingresar a los que no están alojados. Ante nuestra insistencia recordó que "ciertos tipos ofrecen chicas a los turistas" aunque ella nunca las deja subir, pero cuando señalamos que teníamos conocimiento de que ello sí había ocurrido, terminó diciendo: "Ese día estaba muy ocupada, no lo sé, no lo creo".

Pero serían más los locales involucrados, directa o indirectamente, en este delito. En El Aventurero, también miembro de la Cámara Regional de Turismo, permiten el ingreso de jóvenes que no están alojadas y hasta Johnny --el recepcionista que nos atendió-- ofreció conseguir chicas, "pero solo mayores". La dueña del local, Felícita Chuquipoma, dijo estar sorprendida pues aseguró haber capacitado a su personal para rechazar estas prácticas. A espaldas suyas o no, en el hotel Altamira, uno de los sitios recomendados por la Oficina Municipal de Información al Turista, también nos ofrecieron libertad para llevar jóvenes a la habitación. Igualmente, la dueña Ruth Hildebrand se indignó pero dijo tener personal nuevo que pudo haberlo dicho por desconocimiento.

Algo sucede entonces. El mensaje no llega o los operadores turísticos y las autoridades se hacen de la vista gorda. Por redes desarticuladas en Lima, la División contra la Trata de Personas de la PNP ha podido identificar en Tarapoto a una banda con conexiones en Cajamarca, Arequipa y Lima. No obstante, el capitán Jorge Pérez, de la comisaría de Tarapoto, confirmó un absurdo que se repite en los reportes de la fiscalía de dicha ciudad: en todo el año 2007 no se ha registrado ningún caso.

SEPA MÁS
Acciones pendientes
En Tarapoto, ciudad que recibe al mes a unos 14.500 turistas, son pocas las familias que operan en el rubro de hoteles y restaurantes, por lo que entre ellos es más que conocida la identidad de los proxenetas. No obstante, el temor les prohíbe hablar. Martha del Castillo, de Cedisa, recuerda que hace dos meses un mototaxista que ayudó a una ONG limeña a investigar sobre este tema apareció muerto.

Para la fiscal Ana María Cubas, especialista en el tema de trata de personas, esto evidencia la ausencia de una política de Estado para atacar el problema, pues la PNP ya debería haber captado a estos transportistas para convertirlos en agentes encubiertos, como lo señala la ley 28950 . Esta semana se aprobó el dictamen de la Ley General del Turismo, donde se señala la obligación de los gobiernos locales y regionales en este tema, pero, como dice Liz Meléndez, de poco servirá si la PNP sigue sin desarticular bandas de este tipo, y la justicia no sentencia a nadie.

AL GRANO
"No somos un ente fiscalizador"*
¿Además del convenio con Unicef, qué se está haciendo para frenar el turismo sexual?
El ministerio está muy comprometido con el tema, y si bien el convenio con Unicef se centra en Iquitos, Cusco, Madre de Dios y Lima, también empleamos recursos propios y coordinamos con las direcciones regionales de Turismo que nos piden apoyo. Pero solo podemos concientizar, no obligar a los operadores turísticos a suscribir el código de conducta para rechazar este delito.

¿No puede hacerse algo, entonces, en ciudades como Tarapoto, donde este delito no parece haberse reducido?
Este es un tema voluntario. Existe un código penal que recae en los operadores turísticos y hay que recordar que son las direcciones regionales de Turismo (dependientes del Mincetur) las que deben observar la labor de los establecimientos. Es parte de la descentralización.

¿Más allá de las sanciones penales a personas, el sector no podría retirarles el apoyo?
No somos un ente fiscalizador. Podría verse el hecho de retirar un permiso o aplicar una sanción administrativa, pero eso no está estipulado en ley, entonces no se puede hacer. Lo que estamos previendo es promover de algún modo a aquellos que sí cumplen y demuestran responsabilidad social.
* Francisco Belaunde. Director nacional de Turismo - MINCETUR

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