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La diablada del anticrecimiento

Por: Juan Paredes Castro |

Así como la economía peruana tuvo en la V Cumbre ALC-UE su mejor escenario para celebrar su crecimiento, la política no quiso quedarse atrás y convocó en la última semana lo que podríamos llamar su fiesta de la Candelaria, con el baile de la diablada dispuesto a mostrar sus más desafiantes máscaras y movimientos, camino al 2011.

Lo insólito es que en esta diablada del anticrecimiento el paroxismo de la danza legislativa no ha correspondido solo a la agrupación parlamentaria de Ollanta Humala, que venía ya de alentar la anticumbre ALC-UE, sino también a otras como la del fujimorismo y Unidad Nacional, de indiscutible corte liberal, pero lejos de comprender (de la misma manera que la Confiep) que, como dice Pedro Pablo Kuczynski, no se puede ser un país con grado de inversión (con toda la euforia empresarial que ello produce) y tener 60% de la masa laboral en la informalidad, sin seguro social y sin pensión.

La postura del humalismo, eminentemente demagógica y electorera, al punto de negarse a favorecer la extensión del beneficio de las utilidades a los trabajadores fuera de planilla, para no afectar los millonarios remanentes mineros destinados a algunas regiones afines a su causa, podría no importar. Pero a nombre del empleo y de la libertad de empresa las demás bancadas estarían poniendo desde hoy en grave riesgo lo que viene ganando el país, al embalsar beneficios laborales que precisamente el humalismo pretendería usar en su manipulación del descontento social, de aquí al 2011.

El cálculo político de costo beneficio del Partido Nacionalista tendría muy tranquilo a Ollanta Humala. Los ceños fruncidos de la CGTP y la Federación Minera no son nada en comparación con la satisfacción cómplice de algunas regiones respecto del esfuerzo político del humalismo por mantener intocables los millonarios remanentes mineros de estas, de los que algo tendrá que chorrear a la campaña electoral del Partido Nacionalista. Por ahora al humalismo le importaría un pepino la formalización laboral y la extensión de utilidades para trabajadores en su mayoría urbanos. Más interés tendría en articular adhesiones con las dirigencias y bases regionales de la sierra sur y central, de donde arrancaría el grueso de su votación futura, al igual que en el 2006.

En la medida que agrupaciones como el Apra, Unidad Nacional y el fujimorismo, de una u otra forma comprometidos con la estabilidad económica y su continuidad, acaben formando parte de la diablada humalista en la fiesta de la Candelaria del Congreso, perderán el sentido de la inclusión social y consiguientemente lo privarán al Perú de la chance de ganarle al antisistema el 2011.

Hay pues una cuestión de responsabilidad política democrática que no está para danzas ni disfraces.

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