Por Martín Reaño [Economista]
Los directores tienen la costumbre de revisar información financiera para entender la situación del negocio y adelantarse a los problemas. La estrella de los informes es el estado de resultados. Y es que indica con claridad si la empresa está ganando o perdiendo, pero quiero hablar del otro estado: el balance general. No es tan visto como el primero porque no todos saben leerlo y todavía hay quienes piensan que sirve para ver una foto de la empresa.
Aquí tres recomendaciones para sacarle el jugo: i) Para el directorio debe estar expresado a valores de mercado. Los activos deben presentarse a su valor de mercado y no a valor histórico. De no hacerlo así, no se conocerá el real valor del patrimonio. ii) Fíjese en las variaciones y no en los saldos de las cuentas. Si crece el capital de trabajo, la empresa asume mayores costos financieros. Si crece la deuda, se estresa el flujo de caja. Si crecen los activos fijos, se está perdiendo eficiencia en el uso de activos. iii) Ponga cada elemento en su lugar. No todo lo que figura en las cuentas corrientes son partidas de corto plazo (y lo contrario también es cierto). El inventario de seguridad no es un activo corriente, es un activo fijo. Los pagarés de 90 días con tratamiento revolvente no son un pasivo de corto plazo.
Entender la situación de la empresa viendo el estado de resultados es como tratar de entender la película viendo la mitad de la función. Y ojo que la otra mitad, el balance general, suele dar información más rica para un directorio.