Por Antonio Orjeda
Hoy todos saben quién es Damaris (o por lo menos recuerdan que gracias a una jovencita, en el último Festival de Viña del Mar, el Perú venció en la categoría folclore). Antes de eso, Damaris se presentaba junto a cuatro músicos. Hoy, su equipo está integrado por más de 15 personas (su público merece disfrutar de un espectáculo similar al que esta huancaína ofreció en Chile).
Damaris tiene solo 22 años. Su carrera recién ha empezado.
El 2004, Somos presentó a la nueva generación de lo que llamó el nuevo huaino y, entre todas las chicas, la destacó a usted como "la expresión más contemporánea y arriesgada del folclore". Tenía solo 18 años.
Recuerdo mucho esa entrevista. Me ayudó bastante. Porque si bien ya tenía un disco, yo no era muy conocida... Ese periodista tuvo muy buen ojo. Él me contó que me había visto en mi primera presentación, en un concierto que dio mi madre aquí, en Lima.
Hoy tiene 22 y quienes la conocen confirman que es muy osada.
Supongo que lo dicen por el valor que tengo para hacer la música que hago: sin miedo. El miedo desaparece cuando dejo que salga lo que en realidad hay en mí, porque mi música me refleja: yo soy una persona mixta, soy huancaína, pero también he vivido en Lima; y mi música lo refleja.
Saywa, su madre, ha sido fundamental en todo su proceso.
Sí, porque además de haberme inculcado la música, ella es un referente. Es una artista que ya ha pasado por muchas cosas, me da consejos. ¡Es un apoyo! Porque hacer arte aquí es muy difícil si no tienes el apoyo de la familia.
Ella no solo le regaló su primer charango a los 6 años; a los 16, en uno de sus conciertos, la presentó como instrumentista.
¡Siempre ha hecho eso! Yo siempre había tocado el charango, pero conforme pasó el tiempo, eso se convirtió en una oportunidad para hacer lo que me gustaba. Y cuando comencé como solista, ella me daba espacio en sus conciertos para que yo cantara una o dos canciones ¡en escenarios en los que probablemente no me habrían contratado!
A los 16 tenía al frente a una multitud que no había ido por usted.
Lo tomaba como un reto. No todos tienen esa oportunidad. Yo la tuve, y tuve la fuerza para enfrentarla.
Cierto, porque si bien pocos tienen esa oportunidad, no todos la saben aprovechar.
Eso pasa porque no todos están preparados.
Usted era consciente de que esa era su oportunidad.
Sí. Yo quería hacer algo bueno y aprovechaba esos minutos para darme al 100%. Yo sabía lo que quería: ¡quería ser cantante! Por eso empecé a componer, porque quería cantar mis canciones.
Nació mientras la carrera de su madre tomaba cuerpo. El que ella se dedicase a ello debió marcar sus primeros años... Debió sentir su ausencia.
Eso se siente. Yo soy la hija mayor. La he sentido mucho... La entrega a tu carrera al 100% está llena de sacrificios. Yo lo puedo comprobar ahora: yo tengo dos hermanos pequeños y ahora no tengo el tiempo que tenía antes para poder entregarme a ellos, para poder jugar. Ellos también lo sienten... Yo pasé por eso, pero después hice que la carrera de mi madre también fuera parte de mí, y el haber tocado con ella, el haberla acompañado en sus viajes, me ayudó. Quizás si hubiera estado alejada de la música, me habría chocado más. No sé.
Existe una anécdota: ella llega de una gira y usted la recibe con una canción, "Siempre juntas". Todos terminaron llorando.
(Ríe)... Sí, ella se había ido dos meses de gira por EE.UU.
¿Qué edad tenía?
Catorce. Y la recibí con esa canción. Era su cumpleaños. Había gente que me conocía desde niña, que sabía de mi relación con ella y que se sintió muy identificada.
Ese debe ser un momento clave: su familia debió comenzar a pensar en que usted podía tener un futuro artístico.
¡Ahí fue que me tomaron en serio! Ya no era Damaris tocando su guitarra, ya había compuesto una canción ¡y ya había logrado conmover a alguien! Eso es taaan importante: si con una canción tuya llegas a alguien, eso es un logro.
Un año después ganó un concurso que organizaron Pepsi y Corporación Radial. Le prometieron que programarían su canción, pero no la pasaron más que unas pocas veces.
Me prometieron muchas cosas. En una semana pasaron unas tres veces mi canción. Hubo una serie de compromisos que no se concretaron. Felizmente, ahí nomás me salió un viaje y salí de eso. Se trataba de una gira con mi mamá a EE.UU. Pero lo que yo rescato de ese concurso --y de haberlo ganado-- es que significó que este asunto de ser artista ya estaba tomando cuerpo. Yo estaba por terminar la secundaria. A partir de entonces, mi familia comenzó a invertir en mí.
Tenía 15 años. El que no cumpliesen con usted pudo haber acabado con sus ilusiones.
Pudo pasar, porque ¡fue muy duro! Recuerdo que mis padres fueron a la radio que se supone tenía que pasar mi canción. Ahí me di cuenta de que mi canción tenía que competir con las de Laura Pausini o con las de cualquier artista extranjero: que la calidad de grabación debía estar a la par con las que se realizan en Europa o EE.UU. Eso choca. Ahora soy consciente de que es muy difícil entrar a la radio. Para muchos artistas, incluso, ese ya no es nuestro objetivo: ves a la radio como una puerta cerrada.
Lo han asumido.
Sí, y eso me da mucha tristeza.
Y para colmo, las radios limeñas son tan mediocres.
Aquí hay mucho talento. Es increíble que no lo podamos escuchar a través de la radio. Eso es... ¡ah! ¡Es todo un tema!
¿Y por qué no la amilana?
Porque es un obstáculo más; y el reto es ese: asumirlo, confrontarlo ¡y tratar de superarlo!
Este año ganó la Gaviota de Plata. Lo que me parece curioso es que ya en marzo del 2005 anunciaba que escribiría una canción para que concursase en el Festival de Viña del Mar.
Sí, fue para el del 2006. Pero no salió seleccionada. "Tierra de cristal", se llamó.
El tema con el que finalmente ganó, sin embargo, tampoco era uno en el que usted confiara.
Yo no lo escribí ("Tusuykusun") para el festival. Fue con el que acompañé a "Vida", una canción más romántica que pensé que sí iba a ser seleccionada, pero, cuando me llegó la comunicación, me sorprendió ver: ¡"Tusuykusun"! Me asusté. Es una canción difícil de hacer en vivo: por los sonidos electrónicos, porque allá tú te tienes que adecuar a las condiciones que te dan...
Además era un tema muy osado: estaba en quechua. Ni el público ni el jurado lo iban a entender.
¡Sí! Me sorprendió que fuese la canción elegida, pero una vez que la emoción pasó, vino la preocupación: la dificultad para interpretarla. Además, yo no la había tocado mucho en vivo. Pero dije: "¡Ahora me toca prepararme!". Lo hice durante todo el verano, y para cuando fuimos (a Chile), ya estaba tranquila. Sabía que realmente la habíamos trabajado.
Partió sin mayor reconocimiento. Tuvo que ganar para que los medios masivos recién comenzaran a hacerle caso.
Suele pasar mucho con nosotros (con los representantes del folclore), ¡pese a que ya era un logro el que hubiese ganado un cupo!
Empezó siendo empujada a los escenarios por su madre. En la reciente cumbre del ALC-UE fue usted la artista central y más bien la llevó a ella como su invitada. ¡Se han invertido los papeles!
Sí (ríe)... Yo soy porque mi mamá me ha hecho, porque mi mamá me ha empujado. Yo tengo mis cosas, pero yo he crecido porque ella me ha regado. Además, para mí, ¡es un lujo contar con ella! Antes, a mí, mi mamá me hacía el favor. Pero, para mí, tener a Saywa, ¡es un honor! Ella realza mi espectáculo.
Su carrera recién ha empezado.
Haber logrado todo esto, ¡te pica! ¡Quieres más! Y yo quiero más. Sé que este es un largo camino, pero estoy dispuesta a pasar por todas las buenas y malas experiencias que vengan.