HALLAZGOS DEL PHOENIX EN MARTE
Por Tomás Unger
El domingo 25 de mayo, los 7 minutos entre las 4:46 y 4:53 p.m. fueron de angustia para el centro de control* de la sonda Phoenix. Tras un viaje de 680 millones de kilómetros, la sonda había entrado a la atmósfera marciana a 21.000 km por hora. Tenía que abrir su paracaídas y, mientras el cono protector se calentaba al rojo vivo por la fricción, prender sus 6 motores de reacción para bajar su velocidad a 8 km/h al tocar suelo marciano. La angustia era justificada porque en los últimos 37 años, de once misiones a Marte solo cinco tuvieron éxito.
A las 23:53 hora universal (UTC) --las 4:53 p.m. en California-- llegó la señal indicando que Phoenix había aterrizado exitosamente y estaba parado sobre sus tres patas observando el paisaje. En verdad todo había sucedido unos 15 minutos antes, tiempo que demoró la señal en cubrir la distancia entre Marte y la Tierra**. La sonda se posó en la región llamada Valle Verde (aunque es roja) de la gran planicie Vastitas Borealis (vasta extensión boreal).
Esta posición, por encima del Círculo Polar Norte de Marte, permitirá que reciba luz solar 24 horas al día (que en Marte dura 24:37 horas terrestres), durante el verano boreal marciano. Esto le permitirá cargar baterías con los paneles solares y observar el terreno en tres dimensiones con su cámara estereoscópica.
LA SONDA
La sonda, parte del programa Mars Scout, fue lanzada el 4 de agosto del 2007 de Cabo Cañaveral, en un cohete Delta II, escogido por haber ya lanzado tres misiones exitosas a Marte: en 1996 el Pathfinder y en el 2003 los dos robots exploradores Spirit y Opportunity. La parte científica de la misión fue encomendada a la Universidad de Arizona y la construcción de la sonda a la Lockheed Martin Space Systems. Además colaboraron en la misión universidades y entidades científicas de Canadá, Alemania, Dinamarca, Suiza, Filipinas, el Reino Unido y el Instituto Meteorológico Finlandés.
Bautizada Phoenix --por el ave Fénix que resurgió de las cenizas (de misiones fracasadas)-- la sonda viajó protegida en un cono para su ardiente descenso. Desechado el cono antes de posarse, quedó al descubierto la sonda que pesa 350 kg y tiene 1,5 m de diámetro por 2,2 m de alto (el instrumento más alto). Una vez posada, extendió sus paneles solares que le dan un largo total de 5,5 metros. Luego extendió su brazo robótico de 2,35 m, que será el encargado de recoger muestras del suelo.
Las muestras serán echadas en ocho pequeños hornos, de unos 15 cm de largo por 2 de ancho cada uno, para que el analizador de gases determine su composición química. Otras muestras irán al microscopio y al laboratorio biológico que identificará compuestos orgánicos, si los hay. Mientras tanto, la estación meteorológica, construida por los canadienses, medirá la presión, velocidad del viento y --con un detector láser-- el polvo en el aire, la neblina y las nubes.
La cámara estéreo, construida por el Instituto Max Planck de Alemania, tomará fotos tridimensionales de alta resolución. Toda la información será enviada a la Tierra por tres sistemas digitales de telecomunicaciones: uno directo del Phoenix al centro de control, otro vía el satélite Mars Odyssey y el tercero vía el Mars Orbiter, ambos en órbita alrededor de Marte. Se usará por primera vez el nuevo código turbo, que corrige automáticamente los errores.
LA MISIÓN
A diferencia de los exploradores robóticos que caminaron por Marte, la sonda Phoenix es estacionaria. El peso ahorrado por no darle movilidad ha permitido colocar mucho más instrumentos y la capacidad de cavar hasta 50 cm bajo la superficie marciana.
Los científicos esperan encontrar allí agua helada (la temperatura máxima en Marte es de -5 ºC y la mínima -87 ºC). La duración de la misión está prevista para 92,46 días terrestres, equivalentes a 90 días marcianos. Durante este tiempo el Sol no se pondrá y llegará hasta 47 grados sobre el horizonte. Da la casualidad que este año el solsticio (día más largo del año) del verano en el hemisferio norte marciano cae en junio, casi coincidente con el terrestre. Si las baterías del Phoenix llegan a setiembre, podrá ver su primera puesta de Sol.
Los científicos esperan que la sonda y sus baterías soporten el frío y lleguen a ver formarse el hielo polar. Este hielo es lo que en la Tierra llamamos hielo seco, que no es de agua sino de anhidrido carbónico (CO2)***, que se congela a -57 ºC y que en los polos en Marte llega a formar una capa de hasta 90 cm de espesor. Aún si llega al invierno, es poco probable que la sonda pueda sobrevivirlo sin luz a 87 ºC bajo cero. Sin embargo, se espera que para entonces ya habrá obtenido y transmitido la información para la que fue enviada.
EL MENSAJE
Además del equipo científico, el Phoenix lleva lo que será la Primera Biblioteca Marciana. Este es un disco CD multimedia de vidrio especial de sílice, destinado a resistir la intemperie marciana por más de mil años, con una colección de literatura, mensajes y videos. Entre otros, contiene un mensaje de Arthur Clarke y otro de Carl Sagan para los que lleguen a Marte. Además de diversas obras relacionadas con el planeta, está el clásico de ciencia ficción "La guerra de los mundos", de H. G. Wells.
Con la tecnología más avanzada de hoy, al Phoenix le tomó 293 días, a un promedio de 97.000 km/h, llevar 350 kg a Marte. Esto hace pensar que para llevar astronautas con aire, víveres y combustible para regresar aún falta mucho. Sin embargo, si del Sputnik han pasado solo 51 años y hoy tenemos una estación meteorológica y un laboratorio en Marte, es posible que tal vez en este siglo alguien escuche los mensajes de Clarke y Sagan en el Valle Verde de Vastitas Borealis.
* La misión del Phoenix está a cargo del Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA en California.
** La distancia mínima entre la órbita de la Tierra y la de Marte es en promedio 97 millones de km. Como el año marciano dura 1,52 años terrestres, la Tierra avanza más rápido y, cuando se encuentran a lados opuestos del Sol, la distancia máxima es de 401 millones de km.
*** La atmósfera de Marte consta en un 95,72% de anhidrido carbónico (CO2), con 2,7% de nitrógeno (N), 1,6% de argón (Ar), O,2% de oxígeno (O2) y trazas de carbono (C).