Por: Juan Paredes Castro |
El énfasis puesto por el Gobierno en los programas sociales no responde a la interrogante que se hace Mirko Lauer sobre si el segundo Alan García puede virar a la izquierda, porque, para ser justos, tendríamos que preguntarnos de qué izquierda se trata.
La interrogante calza mejor con la propia afirmación del columnista de "La República" de que el discurso social del mandatario aprista lo está llevando, sin duda, a un territorio nuevo, supuestamente fuera del marco referencial tecnocrático liberal que ha transitado los dos últimos años.
En efecto, coincidimos con Lauer en que García quiere situar su discurso social en un nuevo escenario, pero no porque desee al mismo tiempo abandonar bruscamente aquel otro que lo ha reconciliado tan bien no solo con la clase empresarial tecnocrática liberal, cuya confianza necesitaba ganarse, sino también con la modernidad económica de los últimos tiempos, a un alto costo, además, de los viejos postulados apristas en constante revisión por él.
El paso de García al escenario social parecería encerrar el propósito de arrastrar hacia allí a los hombres de la Confiep, de la Sociedad Nacional de Industrias y de ÁDEX, que temen el retorno del fantasma populista, como cualquiera, pero que hacen poco o nada por incorporarse a ciertos marcos legales de inclusión laboral y social.
La clase tecnocrático-liberal no desearía que el trofeo del crecimiento económico terminara en manos de Ollanta Humala el 2011. ¿Pero cuán dispuesta está a impedir que ello ocurra desde el nuevo territorio social que plantea García? No se trata tampoco de que el Gobierno, por correr su discurso y su acción administrativa hacia las demandas sociales, incluidas las de extrema pobreza, caiga en la trampa demagógica y populista de un Evo Morales o de un Hugo Chávez, pues sería fatal. Creemos, más bien, que el nuevo territorio social en el cual pretende moverse García reclama presencias como la del empresariado nacional y transnacional, lamentablemente desconfiado hasta de su propia percepción de un 2011 que no es una broma en el horizonte.
El nuevo territorio social que atender en el país reclama su propio lugar como componente de una tarea público-privada (ahí los ejemplos de tigres asiáticos como Corea del Sur y Singapur) sin la cual todas las demás serán siempre incompletas, ya sea porque se dejaron de lado las metas adecuadas de lucha contra la pobreza o las indispensables de la reforma educativa o aquellas destinadas a incorporar a la formalidad el 80% del nuevo empleo.