Como en Santa Cruz --y probablemente suceda en Tarija, dentro de tres semanas--, las regiones de Pando y Beni acaban de votar mayoritariamente a favor de una autonomía estatutaria que, en el fondo y en la forma, solo reitera la honda fractura política y social que ha provocado en Bolivia el gobierno de Evo Morales.
Como ciudadanos de un país unitario e indivisible, debemos reiterar nuestro temor por los intentos separatistas que sacuden a Bolivia. Es más, en el caso peruano, las autonomías solo pueden tolerarse en el seno y al amparo del Gobierno Central, bajo los esquemas que establece la descentralización .
Pero en el caso boliviano llama la atención el agravamiento de una desmembración que estaba anunciada desde el momento mismo en que Evo Morales decidió convertirse en presidente de una parte de la población, en perjuicio de otras.
Un acercamiento político conciliador con las regiones que desafían al régimen es indispensable; también acabar con la intolerancia y la polarización inadmisibles en la estructura del actual gobierno. Seguir el ejemplo de Hugo Chávez no es un buen camino.