Por Fernando Vivas
Terminó el último concurso del Conacine y los jurados quedamos deprimidos. No porque los 35 proyectos que leímos fueran de espanto --los cuatro premios son muy decentes y en el camino quedaron buenas promesas--, sino porque los contenidos son en su gran mayoría sombríos, graves y desesperanzados.
Pero así es el cine, que en su largo tiempo de maduración --dos o tres años por proyecto-- no puede recoger el ánimo del momento en que se filma y menos del día en que, heroicamente, se estrena. Por eso sentí que muchas historias siguen atadas a frustraciones del país que los cineastas hacen suyas en su larga espera por la plata para rodar.
Depresión creativa, claro está. "Cuatro", proyecto de Frank Pérez-Garland y Christian Buckley, plantea 4 episodios que tienen que ver con cómo la muerte, fáctica o próxima, de un ser querido afecta la vida de sus deudos. "Cielo oscuro", de Joel Calero, quiere hacer estrellar a una pareja insólita --un empresario de Gamarra y una chica culturosa-- contra una barrera de celos e inseguridades. "Contracorriente" irá a una caleta de pescadores a contar una historia de amor gay e introducir, para conjurar la fatalidad, un toque de irrealidad con absoluta naturalidad. "Tarata", de Fabrizio Aguilar, promete retratar, a través de una familia, el miedo y la paranoia que se acrecentó en Lima cuando estalló el bombazo que da nombre al guion.
Respeto la decisión adoptada por la mayoría de mis colegas del jurado y estimo el talento de Fabrizio, ya puesto a prueba en "Paloma de papel", para llevar adelante "Tarata"; pero hubiera preferido que en su lugar ganara "Las malas intenciones", proyecto de ópera prima de Rosario García Montero sobre una niña hipersensible, quizá perversa, que evade una realidad que por lo demás la tiene aislada, alucinando encuentros con los héroes nacionales de las láminas escolares. Ojalá tenga más suerte en otros concursos y llegue a la pantalla.
Que el Estado invierta en el financiamiento parcial de películas (entre 400.000 y 450.000 soles cada premio, que es, más o menos, la mitad del costo), respetando su libertad de contenidos y estilos, es la renovación de una buena noticia. Que los premiados honren ese esfuerzo.