Por: Juan Paredes Castro |
El hecho de que el Consejo Nacional de la Magistratura, organismo encargado de nombrar y sancionar a jueces y fiscales, esté de pronto expuesto al escrutinio público no se debe a motivación ajena sino propia, desde que una mayoría de sus miembros cambió su votación en la investigación seguida al vocal Ángel Romero.
Antes, la Oficina de Control de la Magistratura, que tiene la buena fama de no casarse con nadie en el desempeño de sus funciones, responsabilizó a Romero por una sentencia dolosa a favor de ex trabajadores del Banco Central de Reserva supuestamente afectados en su estabilidad laboral.
Digamos que el CNM, cuya honorabilidad busca defender con todo derecho, ha terminado comprándose el pleito funcional de un vocal seriamente cuestionado al interior del Poder Judicial y, peor aún, intentando bloquear en el Congreso, con ayuda del Apra, una investigación que sus propios miembros se han buscado.
Ahora resulta que por un error del parlamentario Mauricio Mulder casi se deja sin derecho a testimonio al señor Aníbal Torres, el único magistrado del CNM que ha sido capaz de poner en evidencia el cambio de votación a favor de Romero. En efecto, Mulder argumentó que el CNM no tenía por qué explicar sus votos al Congreso. Olvidaba Mulder que la Constitución establece que este poder del Estado puede remover por causa grave a los miembros del CNM. Y esa causa grave podría radicar precisamente en sus votos. Para ello están las citaciones legislativas y las investigaciones que el Parlamento ordene, por plena que sea, en este caso, la autonomía del CNM.
Los señores Ángel Romero y Edmundo Peláez tienen una vinculación aprista que tendrían que cuidar para no comprometer sus respectivas responsabilidades ni las de terceros: el uno como vocal suspendido e investigado y el otro como magistrado investido de autoridad independiente y autónoma. De esta manera las comisiones del Congreso llamadas a tratar el Caso Romero no tendrán que enfrentar conflictos de intereses ni la bancada aprista asumir pasivos que no le corresponden.
Las autonomías son autonomías, las autoridades son autoridades y las cuerdas separadas son cuerdas separadas. Con todo el respeto que nos merece, el CNM debería hacer lo menos por agravar sus equivocaciones y lo más por devolver a sus funciones la majestad y confianza que personalidades como Francisco Delgado de la Flor y Maximiliano Cárdenas le dieron en un momento cuando pasaron por la presidencia. Cualquier tiempo pasado, por supuesto, fue mejor.