Por Luis Solari de la Fuente. Ex primer ministro
No hablaremos de sexo, sino de la aceleración de los acontecimientos.
Como se esperaba, después de la Cumbre ALC-UE, en la encuesta nacional urbana de Ipsos Apoyo para El Comercio, la popularidad presidencial subió nueve puntos, pero a expensas del sector A/B, donde subió 23 puntos: una subida limeñizada.
La procesión va por dentro. Entre abril y mayo subió de 57% a 65% el segmento de quienes dicen que el alza de precios e inflación son la primera causa de desaprobación. A la pregunta: ¿Qué preferiría para la presidencia del Congreso?, solo 19% responde que continúe un congresista del gobierno, por debajo de su votación 2006 en primera vuelta.
Más alejada del efecto ALC-UE, la encuesta nacional urbana de CPI mostró solo cuatro puntos adicionales de aprobación presidencial, situándola en 32,2%, con 21,3% en el interior del país y 21,9% "aquicito nomás" en Lima provincia. Esta encuesta también verifica lo observado por Ipsos Apoyo: la gente que considera el "alza de precios de los alimentos de primera necesidad" como aspecto negativo de la gestión gubernamental, aumenta de 43,7% a 53,4% entre marzo y mayo, con la peculiaridad de que los porcentajes de Lima metropolitana e interior del país son semejantes.
Esto último indica la consolidación de una franja nacional en ese tema, que retrata el poco impacto del crecimiento económico en las economías familiares. A la pregunta sobre el particular, 72,9% responde que "no se ha beneficiado en nada", con un neurálgico 78,6% en el interior. Hablamos de zonas urbanas, donde vive tres cuartos de la población nacional. Si agregamos que solo 5% dice haberse beneficiado con un programa social, podemos tener una mejor imagen del escenario sociopolítico que se viene construyendo.
El conjunto revela imposibilidad de sostenerse con el discurso actual, lo que puede llevar a tres caminos: el mejor, la expansión del centro, ampliando su base mediante nuevas alianzas sociales, principalmente con las familias; el inicio de un populismo con aplausos en el presente y lágrimas en el futuro; moverse hacia la izquierda, para tratar de sintonizarse con el radicalismo que emana de la desesperación crónica. Se ve que no va por el primero, pues necesitaría hasta un cambio de visión; hay suficientes controles políticos, sociales y mediáticos para evitar el segundo, además de ausencia de una maquinaria gubernamental ad hoc. Solo le quedaría el tercer camino.
Aunque pareciera dispuesto a ir por ese riesgoso juego, que podría distanciarlo de su principal soporte --el A/B--, en realidad se mantiene el viejo esquema de generar una medida que aplauden unos y rechazan otros; luego, a estos otros se les genera una medida favorable, pero que será rechazada por los que antes aplaudieron. Regular con todos, bien con nadie. Este peligroso juego del péndulo tiene grandes costos: la afectación de la conducción, el daño a la cohesión social y la ausencia de horizontes colectivos.
Así, tenemos la promulgación del divorcio notarial y municipal, que ha caído mal a abogados y sectores eclesiales; la dación del Decreto Legislativo 1015, que ya colocó pintura de guerra en las más de 7.000 comunidades campesinas y nativas. Luego, la ley de los 'services', con opiniones divididas entre los ministros, y el dictamen de las utilidades; ambos disgustan al A/B. De yapa lo de las olimpiadas, y el gran final: la impopular subida de precio de los combustibles.
Si estos acontecimientos fueron impulsados por la efervescencia producida por los puntos de alza de popularidad y de reducción de pobreza, podríamos llamarlos puntos G, por la aceleración que produjeron en la apertura de frentes adversos.
De cereza, las 200 petrocasas para damnificados del sismo, construidas en dos meses por el chavismo, y el jefe del INEI revelando que le asignaron cifras arbitrarias a los hogares que no respondieron la encuesta de pobreza. ¡Touché!
Mientras llovían estos acontecimientos, 235 peruanos murieron por el frío.