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CRÓNICA. LA CIMA QUE NO SE ALCANZÓ

El morro de Arica, 128 años después

El Museo Histórico y de Armas en la cima del emblemático campo de batalla guarda los recuerdos de la Guerra del Pacífico. El coronel Francisco Bolognesi tiene su espacio

Por Moisés Ávila Roldán. Corresponsal

ARICA. "Suspendido por enemigo cañoneo. Parlamentario dijo: general Baquedano, por deferencia especial a la enérgica actitud de la plaza, desea evitar derramamiento de sangre. Contesté según acuerdo de jefes: mi última palabra es quemar el último cartucho. Viva el Perú".

El 5 de junio de 1880, el coronel Francisco Bolognesi Cervantes envió un telegrama de 45 palabras, a través de The West Coast of America Telegraph Company (Limited), al entonces prefecto de Arequipa. En este, daba cuenta de que el mayor del ejército chileno Juan de la Cruz Salvo (a quien denomina parlamentario o emisario) se había acercado a su casa, al pie del morro de Arica, para, por encargo del general chileno Manuel Baquedano --jefe de las tropas sureñas--, pedir la rendición de la defensa de Arica.

A pesar de la escasez de armamento y tropas, la respuesta que diera en aquella oportunidad el alto mando peruano dejó en claro la valentía de su ejército. Dos días después, al amanecer del 7 de junio, él y muchos de sus hombres perdían la vida defendiendo el Perú, y ganaban la gloria.

Ciento veintiocho años después de aquella gesta, el morro de Arica, aquel enorme macizo de arena y piedras que se eleva a 150 metros sobre el nivel del mar, se mantiene idéntico a como lo muestran los libros de aquella época: alto, imponente y de punta redondeada, aquella desde donde en un acto de valentía el coronel Alfonso Ugarte se lanzó con el pabellón peruano para evitar que cayera en manos del enemigo.

Con el paso de los años, las autoridades ariqueñas le ganaron espacio al mar y, en el lugar donde pudo haber caído el héroe peruano devorado por las aguas, hoy atraviesa la avenida Costanera, que bordea la playa, con algunos restaurantes y negocios.

La tierra del piso es compacta y firme, y aún conserva las excavaciones fortificadas que sirvieron de trinchera a los militares peruanos. La nostalgia es inevitable.

BOLOGNESI TIENE SU ESPACIO
El 7 de junio de 1980, cien años después de la contienda, el entonces gobernante sureño, el general Augusto Pinochet, inauguró el Museo Histórico y de Armas en la cima del morro. "A los soldados chilenos y peruanos que ofrendaron sus vidas por su patria", dice en la placa recordatoria.

En la explanada del cerro, declarado monumento nacional en 1971, se exponen los cañones y las cureñas utilizados tanto por la defensa peruana como por la milicia chilena. También las ametralladoras Gatling y Claxton, estas últimas de singular poderío destructivo.

En el museo, detrás de unas enormes láminas de vidrio, tienen su espacio también las armas que llevaban los soldados de la época: fusiles Kropatschek, Beaumont, Grass, Comblain, carabinas Winchester y Remington, y las armas cortas, en su mayoría Smith & Wesson, entre otras.

Se exponen también las indumentarias de los soldados: botones, cucharas, estuches para el revólver, correas, botas y uniformes, además de las monedas circulantes de la época en ambos países.

Como parte de la exposición, un busto con un rostro conocido llama la atención: el coronel Francisco Bolognesi, héroe del Ejército del Perú, tiene un respetable espacio dentro del museo. Junto con él, y su promesa de pelear hasta quemar el último cartucho, se aprecian los albos uniformes del Ejército peruano, con sus quepís y algunos de sus pertrechos.

En una especie de sótano, dentro de un cofre de plata, se guardan las cenizas de los soldados chilenos que fallecieron en la batalla. Junto a ellas, el estandarte del batallón conocido como Cuarto de Línea, el primero que llegó al morro, y que tiene especial significación para Chile.

LA CASA DE LA RESPUESTA
Ubicada al pie del morro, aunque ahora rodeada por construcciones nuevas y por el cableado de las líneas telefónicas, se erige la casa del coronel Francisco Bolognesi, conocida también como la Casa de la Respuesta. Es una construcción antigua pero firme, de color celeste, en donde predomina la madera.

En aquel inmueble, Bolognesi, junto con su estado mayor, recibió el 5 de junio de 1880 al coronel de La Cruz Salvo. La histórica sala donde se encontraba ese día está vacía de muebles, pero llena de patriotismo.

De sus paredes cuelga una reproducción de la foto tomada justamente el Día de la Respuesta, en donde el anciano militar está rodeado por todos sus oficiales. Entre ellos está también, cómo no, Alfonso Ugarte. Se expone además una copia del telegrama que Bolognesi envió al prefecto, y de la carta que, días antes del enfrentamiento, hizo llegar a María Josefa, su esposa.

El inmueble, de color celeste, lleva el pabellón peruano flameante en su techo. Es considerado como territorio peruano y, alguna vez funcionó como consulado. Hoy permanece cerrado al público y solo se abre los 5 de junio de cada año, para recordar el Día de la Respuesta.

Para esa fecha, las autoridades tacneñas cruzan la frontera, así como descendientes de combatientes y algunos plebiscitarios que lucharon para la reincorporación de Tacna al seno de la patria. En ella, se ofrece un discurso y se recibe la charla de un historiador invitado.

Un detalle: a esta ceremonia solo pueden ingresar peruanos de nacimiento, debidamente identificados. Como aquellos que perdieron la vida aquel 7 de junio, en el morro, quemando el último cartucho.

CLAVES
El Cristo de la Paz vigila la cima
1. En el centro de la explanada del morro de Arica, el Gobierno Chileno dispuso la construcción del denominado Cristo de la Paz, una enorme imagen de Jesucristo de color blanco que se ilumina por las noches y es vista desde toda la ciudad.

2. A sus pies están grabados los escudos del Perú y de Chile, y un llamado para que ambas naciones no vuelvan a enfrentarse. También hay un monumento al soldado desconocido y una guardia permanente de efectivos chilenos.

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