Por Hugo Guerra
Supongo, desconcertado lector, que compartirá la pregunta de ¿por qué Evo Morales está actuando tan agresivamente contra el Perú?
Quizá esté emulando a su paradigmático Hugo Chávez, o tal vez desde su psicología de subalterno acomplejado pretenda convertirse en una suerte de gorila andino. Y esto no es uso de adjetivos azarosos, porque quien lo haya observado en las reuniones internacionales, advertirá que mezcla la hipocresía formal con el ataque artero.
Así, cuando vino a Lima para la Cumbre ALC-UE posó gentil y sobón con el presidente García; pero inmediatamente después lo agravió desde el estadio de la UNI. Y aprovechando el regreso a la impunidad paceña declaró groseramente: "Yo era fanático, era admirador de Alan García, era un orador de primera, antiimperialista y muy flaco, ahora lo veo muy gordo y poco antiimperialista".
Detrás de las palabras es evidente que Morales tiene una visión extremista de la relación con el Perú. Por ejemplo, considera que el pedido de extradición de Walter Chávez, ex emerretista y actual consejero de Evo, "es un complot del Gobierno Peruano y la CIA". Y nos acusa de 'sabotear' a Bolivia para excluirla de la Comunidad Andina, a propósito de la divergencia de enfoques sobre el TLC con Europa.
Las reiteradas intromisiones y declaraciones infelices ya motivaron una protesta formal de nuestra cancillería, donde hay quienes también ven con preocupación el ardid boliviano de horadar los vínculos con el Perú, mientras se privilegian las relaciones con Chile.
Pero la tradición diplomática no es suficiente para lidiar con un gobierno tan ideologizado como el paceño, que basa su prepotencia en el apoyo financiero y eventualmente militar del chavismo venezolano. Por tanto parece llegada la hora de una retaliación prudente pero enérgica. Así, previo fortalecimiento de nuestras guarniciones fronterizas, deben endurecerse los controles fronterizos y migratorios en el Altiplano, porque cuando se restrinja la informalidad allí imperante, la presión política se volteará hacia La Paz.
Igualmente con mayores acciones de Inteligencia y control policial debe cortarse el nexo del gobierno regional puneño con las casas del ALBA y el paso de ciudadanos peruanos a Bolivia, donde --como se ha denunciado-- se les entrena militarmente para eventuales acciones subversivas.
En paralelo deben revocarse las concesiones hechas por el fujimorato respecto a las vergonzosas e inútiles facilidades de Bolivia-mar, cerca de Ilo.
También debe potenciarse el contacto (no intervencionista) con los departamentos bolivianos que están conquistando su autonomía, porque es allí donde se construirá una nueva república.
En adición urge replantear la estructura de la CAN, optando por la negociación bilateral con Europa, excluyendo al Perú de un modelo integrador anquilosado.
En cuanto a la estratagema sobre la salida al mar por territorios antes peruanos, debemos insistir en que la mediterraneidad boliviana es un problema bilateral con Chile, por tanto de ninguna manera debe ser tratado de manera multilateral en la OEA.