Por Raúl Ferrero C. Jurista
Obtenidos los votos para la nominación por el Partido Demócrata, después de una larga lucha, Barack Obama parecería necesitar más que nunca de Hillary Clinton para llegar a la presidencia de EE.UU.
Las elecciones primarias internas del Partido Demócrata han sido desgastantes, dado que el enfrentamiento entre sus principales aspirantes fue muy duro y demasiado largo. Este es el momento en que tendrán que restañarse las heridas entre los grupos de seguidores de ambos contendientes si quieren llegar a la Casa Blanca en las elecciones generales de noviembre. Ahora tienen la difícil tarea de recomponer sus relaciones internas, después de una lucha enconada, casi sin precedentes.
Para enfrentar al candidato republicano John McCain, que viene cabalgando solo hace varios meses, los distintos sectores demócratas tienen que sentarse a conversar calmadamente y voltear la página de las primarias, si no quieren desperdiciar una oportunidad que se les ofrece, casi en bandeja, por el desgaste republicano después de los dos períodos presidenciales de George W. Bush.
Como quiera que Obama representa la tendencia liberal y Hillary la más ortodoxa, lo conveniente sería que a ella se le ofreciera la candidatura a la vicepresidencia, en reconocimiento a su tenaz campaña que le permitió lograr un significativo respaldo partidario en las primarias, de modo que uniéndose las dos fuerzas y tendencias puedan enfrentar con mayores posibilidades de éxito al candidato republicano.
Ambos representan un nuevo reto en la política estadounidense. Él podría ser el primer presidente de origen afroamericano y ella la primera vicepresidenta mujer. Ese solo hecho le otorga un atractivo adicional al ticket que podrían formar.
Si Obama escogiera a otra persona para la vicepresidencia, tal como sería el caso de Wesley Clark (comandante supremo de la OTAN 1997-2000), se podría estar corriendo el riesgo que muchos demócratas prefieran inclinar su voto hacia el candidato republicano.
Esperamos que sus opositores no pretendan levantar el tema racial, lo que perjudicaría a Obama y constituiría un baldón lamentable para la sociedad del país del norte.
Si bien Obama representa el riesgo de un hombre sin mayor experiencia de gobierno, con solamente un período en el Senado, contra cuatro del héroe de guerra McCain, Hillary aportaría su experiencia como primera dama con el desempeño de funciones en el ejecutivo y sus dos períodos como senadora por Nueva York, comprometida con los programas médicos y sociales.
No se puede descartar que Hillary, habiendo perdido el premio mayor, prefiera no participar del ejecutivo, continuando como senadora, tentando la gobernación por Nueva York o aspirar a integrar la Corte Suprema.
Con la situación económica tan crítica por la que viene atravesando EE.UU., con recesión, aunque no declarada, que afecta todos los sectores, incluyendo el desempleo creciente, además de los gastos desmedidos que acarrean las tropas en Iraq, será muy difícil que el Partido Republicano pueda ganar las elecciones. Solamente una sucesión de errores graves en la campaña podrían llevar a los demócratas a una derrota.
De ganar Obama, ciertamente variará la política internacional, comenzando por el retiro de las tropas en Iraq. Pero, además, cabe preguntarse: ¿Cuál será la relación que establecerá con los países africanos con los que tiene que sentirse emocionalmente ligado? Si bien hasta hace unos meses conocía poco de América Latina, es probable que encuentre afinidades que lo acerquen a nuestro mundo.
Sin embargo, no todo está dicho y McCain es un candidato decidido a dar la lucha y distanciarse cuanto pueda de las políticas de Bush que no le convienen. Amén de que pertenece al ala menos conservadora de los republicanos, lo que lo convierte en un buen candidato contra los demócratas.