Por Miguel Vivanco. Corresponsal
Tras la renuncia de Hillary Clinton y ahora que se conoce a los dos candidatos que aspiran a ganar las elecciones presidenciales el 4 de noviembre, en todo el país se vive un preocupante ambiente de antagonismo racial y generacional en vez de un clásico desafío democrático. La agónica derrota de la senadora Hillary Clinton terminó por alimentar el brasero político estadounidense, en donde hoy todos saben que son protagonistas principales de las nuevas páginas de la historia del país más poderoso del planeta. Pero mientras el candidato republicano John McCain y su rival el demócrata Barack Obama están preocupados en encontrar un vicepresidente, los analistas políticos anticipan que los próximos meses serán muy mal intencionados, en donde ni la razón ni la palabra aplacarán el apetito destructivo de las maquinarias partidarias.
Uno de los primeros en hacer escuchar su voz de advertencia fue el escritor Noam Chomsky, quien dijo que el senador Barack Obama podría convertirse en la próxima víctima de la "maquinaria de difamación" del Partido Republicano y ver frustradas sus aspiraciones de llegar a la Casa Blanca. Acto seguido Paul Light, destacado catedrático de gobierno de la Universidad de Nueva York, recomendó a los dos candidatos supervisar a sus equipos de campaña para que todo el proceso previo a las elecciones generales se desarrolle en el marco de acciones "muy complejas de equilibrio".
Ya el año pasado la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2007, Doris Lessing, señaló que Barack Obama podría ser asesinado. "Matarán a Obama si él es presidente estadounidense", aseguró en un artículo publicado en el "Daily Mail" de Londres.
Pero a las advertencias ahora se suman las acusaciones. Todd Purdum, columnista de la revista "Vanity Fair", acusó al ex presidente Bill Clinton de ser el único responsable de ensuciar la campaña de su esposa Hillary Clinton. Lo calificó de narcisista irritable, colérico y mujeriego.
Hoy es fácil especular o deducir muchas cosas, muchas de las cuales pueden ser basadas en la ficción, pero lo cierto es que el fenómeno llamado Barack Obama es una realidad.
Dependerá de la buena voluntad de los electores y partidos que los comicios reflejen el verdadero sentir o deseo de una nación, caracterizada por acoger a los inmigrantes.