Uno de los anexos de Santiago que más han crecido es Santa Dominguita. Ahí vive don Andrés Mozo (85) junto con su esposa, Fidela Laupa (75). Son dueños de una pequeña parcela en la que cultivan espárragos para vendérselos a los agroexportadores. "Con los nuevos ingresos estamos construyendo la casa, durante la próxima campaña terminaremos el segundo piso", dice don Andrés que antes cosechaba algodón.
Es, precisamente, este avance vertiginoso de la frontera agrícola con el ímpetu agroexportador de las empresas instaladas en la zona lo que ha dinamizado la economía regional, principalmente, en Chincha, Ica y Pisco.
La teniente gobernadora Mirtha Arteaga cree también que la situación ha mejorado. "Antes era más complicado encontrar empleo, incluso los sueldos han mejorado un poco", sostiene, reconociendo que ahora los pobladores pueden aportar pequeñas cantidades para impulsar el desempeño del club Santa Dominguita, campeón distrital de fútbol. El jornal promedio se incrementó de 15 a 20 soles. "Ahora al menos tenemos para comer, pero aún hay altos índices de desnutrición y malas condiciones laborales que son necesarios mejorar", señala. Las mujeres le dan dinamismo a la economía. Su mano de obra es requerida en la cosecha de espárragos y uva.
En Ica la inversión privada ha generado fuentes de empleo, lo que ha permitido reducir la pobreza a un 15%. Pero Huancavelica no es Ica. Allí la inversión privada es casi nula. La inversión directa del Estado a través de Juntos o el Programa de Igualdad de Oportunidades que impulsa la región parecen ser las salidas más óptimas y urgentes.