Por Nelly Luna Amancio. Enviada especial
--La helada mató el año pasado a varios de nuestros animales... ahora no llueve hace más de dos meses, no hay pasto y las crías de las alpacas se mueren por la falta de leche... ¿Debemos de tener mala suerte o estar maldecidos, no?
La pregunta de don Alejandro Quispe, campesino con 11 hijos de la comunidad de Llillinta, en las heladas alturas de la provincia huancavelicana de Angaraes, solo encuentra un frío silencio. El viento sopla con rudeza en esta zona donde los pobladores solo crían alpacas. No cultivan nada, porque nada más que ichu crece sobre los 4.500 m.s.n.m. La plaza de armas es un triste cuadrado de tierra salpicado de este pasto, con agrietadas casas de adobe que parecen haber soportado un terremoto. Alguna vez los cerros amarillentos que rodean Llillinta, una de las comunidades más pobres de Huancavelica, estuvieron cubiertos de hielo. Pero de eso ya hace mucho, "cuando había más pasto y menos animales, y podíamos intercambiar más alimentos", dice Cirilo Lima.
Los habitantes de Llillinta prefieren vender o cambiar la carne de sus alpacas antes que comérsela. Por una pierna de alpaca les dan medio saco de maíz o fideos o papa, los alimentos que más consumen porque más les llenan. Una dieta pobrísima que explica el 95% de desnutrición en esta comunidad. También intercambian con lana, pero esta no tiene un buen precio (apenas tres soles el kilo) porque sus alpacas no están mejorados genéticamente. En estas condiciones son pocas las posibilidades que tiene esta comunidad de mejorar su calidad de vida.
"Nosotros intentamos trabajar en la zona, pero por su distancia (a seis horas de la capital) y por lo dispersas que están las comunidades tuvimos que dejarla", dice Gissela Ottone, coordinadora de Desco en Huancavelica. El número mínimo de alpacas que se necesita para darle sostenibilidad a la crianza --según Ottone-- es de 100, pero en Llillinta muchos pobladores cuentan el número de sus alpacas con sus dedos.
LA POBREZA TOCA EL CIELO
En Huancavelica las comunidades parecen más pobres mientras más cerca del cielo están. El 74% de los pobres vive en zonas rurales altoandinas, arriba, donde "el cóndor usa chalina", dice Félix Ponce, de manos tan frías y duras como las piedras que rodean Antacancha, un caserío de Llillinta. A diferencia de otros pobladores, don Félix habla bien el castellano. Cada vez que puede y ya no hay que comer, viaja a Lima para trabajar en una ladrillera de Huachipa. Le pagan 12 soles diarios y dice que algo logra ahorrar para cuando vuelva a casa.
--¿Y ustedes no han pensado en migrar a la capital o a otras ciudades? --preguntamos a Bacelides Lima, de 25 años y madre de tres niños.
--La ciudad es para los que tienen estudios, qué vamos a hacer nosotros allá, solo recibimos maltrato, acá estamos seguros, dice.
El alza de precios ha golpeado aun más estas pobres economías, cuyo ingreso mensual, según el INEI, no supera los 120 soles. Bacelides vendió hace unas semanas una alpaca, pero no le alcanzó ni para comprar un saco de arroz (140 soles), tuvo que canjearla con papa. A diferencia de otras madres solteras que sí reciben el apoyo del programa Juntos, ella y su abuela Ambrosia (73) no están registradas porque dicen que el día del empadronamiento estaban pastando el ganado. Lo mismo dicen otras mujeres. La Defensoría del Pueblo de Huancavelica ha recibido en lo que va del año más de 100 pedidos de madres para ser incorporadas a este programa.
El caso de Huancavelica es emblemático --y dramático-- porque es la única región del país donde la pobreza no se reduce y que, por el contrario, como apunta el presidente regional Federico Salas Guevara, se incrementa ligeramente, a pesar de que los montos de la inversión pública se han cuadruplicado en los tres últimos años. "El último resultado del INEI dice que tenemos 85,7% de pobreza, y el 2004 teníamos un punto menos, creo que hay un serio problema en el enfoque del gasto que debemos revisar", sostiene Salas Guevara y se pregunta de qué sirven las carreteras y más colegios si no se está reduciendo la pobreza.
¿FLEXIBILIZACIÓN DEL SNIP?
Las modernas construcciones en Llillinta tampoco han reducido su pobreza. En la plaza de armas de la comunidad hay un centro cívico de dos pisos que, junto con el centro educativo primario, son las únicas edificaciones hechas de material noble, pero no las usan porque falta mobiliario. Los últimos libros del Ministerio de Educación que llegaron datan del 2006. Se mejoró la infraestructura de las aulas, pero la calidad de la educación todavía es un problema para los padres de familia. El laboratorio de la escuela colapsa a pedazos. "Se hace lo que se puede, pero los niños se duermen o no entienden lo que explicamos, cómo lo van hacer si no se alimentan bien", dicen los maestros.
¿Cuál es la salida? Gissela Ottone sostiene que con el mejoramiento genético de la alpaca se incrementó los precios de la lana y se mejoró la calidad de vida de algunas comunidades. Pero son casos aislados. Según la representante de Desco --y coincide con ella Salas Guevara--, muchos proyectos de desarrollo productivo encuentran trabas en el Sistema Nacional de Inversión Pública(SNIP).
Ottone recuerda la vez en que intentaron promover el uso de fitotoldos comunitarios (cultivo de verduras en jardines con microclima), pero el proyecto no funcionó. "Las comunidades ya no están bien integradas, cuando se entrega la responsabilidad a un grupo, pronto empiezan las diferencias, por eso se modificó el proyecto a fitotoldos unifamiliares", cuenta. Esta salida, sin embargo, halló una traba en el SNIP, pues el sistema no aprueba proyectos de inversión individual. "El SNIP es necesario, pero debería ser más flexible en zonas de pobreza extrema donde la realidad impone cosas distintas", señala, recalcando, además, la necesidad de ampliar los programas de inversión directa como Juntos.
EL VECINO QUE CRECE MÁS
La cruel paradoja de la pobreza en Huancavelica es tener como vecino a la región con menos pobreza y mayor crecimiento del país: Ica. La agroexportación iqueña se nutre de los ríos que se originan en Huancavelica. Pero el agua --según la dirección agraria de esta región-- tendría los años contados si no se toman medidas urgentes en el manejo de la cuenca. El deshielo de los glaciares y la sequía están agotando el recurso.
La carretera Libertadores deja atrás la fría puna huancavelicana y se abre paso entre los cerros hasta Ica, donde enormes mantos verdes cubren por retazos el desierto. Siguiendo por la Panamericana Sur, a unos minutos de la capital iqueña está Santiago, el distrito que ha reducido su extrema pobreza gracias al 'boom' agroexportador.
En las zonas de Santiago u otros distritos con fuerte expansión urbana como Guadalupe están los hijos jóvenes que abandonaron los Andes centrales para enrolarse en las faenas agrarias de las empresas agroexportadoras o los fundos privados. Alquilan cuartos de esteras por 50 soles mensuales, ganan entre 20 y 25 soles diarios. Estiman que entre el 70% y el 80% de la población de Ica está compuesto de migrantes de Huancavelica, Ayacucho, Apurímac y, en menor medida, Puno.
MÁS DATOS
4El Gobierno Regional de Huancavelica ha identificado a 60 mil familias que subsisten en la pobreza extrema.
4Con el apoyo de algunas ONG de la región han desarrollado un proyecto denominado Programa de Igualdad de Oportunidades para las Familias Campesinas.
4La región busca la aprobación del Gobierno Central para invertir 600 millones de soles durante seis años en la construcción de fitotoldos que garanticen la alimentación de cada una de estas familias.