Estuvo en el directorio del BID durante cinco años y vio de cerca el contrato de Camisea. Señala que el Perú tiene gas para cubrir su demanda durante los próximos 20 años
Por Mariella Balbi. Periodista
Usted ha sido director en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) durante el gobierno anterior. Hay muchas críticas al contrato de Camisea, donde participó el BID. ¿Todo se hizo bien?
Yo no participé directamente en las negociaciones porque era un tema del BID con Transportadora de Gas del Perú (TGP), la empresa privada que tomó el préstamo. Como director por el Perú en el BID pude seguir de cerca el proceso por el cual el banco otorgó el préstamo. Originalmente el proyecto estaba destinado solo a favorecer la demanda interna. El BID financió con un monto pequeño, 75 millones de dólares, a Transportadora del Gas del Perú para construir el gasoducto que transporta el gas hasta Lima. El costo total del gasoducto fue de 850 millones de dólares. Lo que es extracción lo maneja Pluspetrol y la distribución en Lima la hace Cálidda. Creo que ha sido el proyecto más emblemático del BID en sus 50 años de historia porque fue un préstamo al sector privado. Normalmente se hace a entidades estatales. Fue hecho sin garantía de la República del Perú. Era complejo definir por donde pasaría el gasoducto y manejar la relación con las comunidades nativas.
Fue un financiamiento controversial, EE.UU. no votó a favor
Realmente lo fue. EE.UU., uno de los miembros del directorio, se abstuvo en la votación. Las preocupaciones del BID apuntaban a los temas sociales y ambientales que pudieran generarse en la ruta del gasoducto y a la relación con los pueblos del Bajo Urubamba que luego se superaron. Al ser un organismo multilateral está expuesto a diversas presiones de la sociedad civil, su análisis y evaluación fueron muy rigurosos. Al final votaron a favor los otros 47 accionistas.
El contrato se modificó al final del gobierno de Toledo.
Fue mucho después del préstamo a TGP. El contrato original por el cual Pluspetrol extrae el gas habla de exportarlo, siempre y cuando se tenga asegurado el abastecimiento del mercado interno por 20 años. Luego, el reglamento hace un alcance mayor a la ley, planteando los 20 años casi a perpetuidad. Esto hacía inviable el proyecto de exportación pues introduce un factor de incertidumbre absoluta. Una vez aprobada la ley, al final del Gobierno de Toledo, se hace posible otro proyecto de exportación de gas licuado que se está desarrollando ahora en Pampa Melchorita, manejado por la Hunt Oil. El BID ha prestado 400 millones de dólares. También el Eximbank y el IFC han realizado préstamos. Pero lo más importante es que en las próximas semanas este proyecto de exportación emitirá bonos en el Perú por alrededor de 300 millones de dólares. Es un vehículo de inversión para la AFP y para miles de inversionistas nacionales, dinamizando la economía.
¿Hay suficiente gas como para exportarlo?
Por supuesto que sí. El Ministerio de Energía señala que hay 13,4 TCF (la unidad de medida) en los lotes 88 y 56. Hace pocos días se encontró en el lote 57 --que opera Repsol-- dos TCF adicionales. En total el Perú tiene 15,4 TCF. Según el ministerio, la demanda local en 20 años será de 6,1 TCF. Incluye el sector eléctrico, un gran demandante para las centrales térmicas, la industria, el consumo residencial que es muy incipiente aún, el consumo vehicular y la petroquímica. A eso se le suma los 4,2 TCF comprometidos para la exportación, el total es 10,3 TCF. Entonces hay 5,1 TCF no comprometidos. Otra manera de ver las cosas es a través de la producción. Pluspetrol extrae 250 millones de pies cúbicos diarios, se los entrega a TGP y esta los bombea a través del gasoducto a Lima. El 60% de estos lo consumen las centrales térmicas generadoras de electricidad. El resto se distribuye entre el uso industrial, residencial y vehicular. En 20 años esos 250 millones de pies cúbicos, asumiendo que se duplique la demanda pueden sumar un consumo 3,65 TCF. Gas hay. Gas hay. En la zona de Camisea, de cada 7 pozos 6 son exitosos.
O sea que las estimaciones del Ministerio de Energía son en exceso generosas.
Toma todo tipo de providencias. Pero, incluso si se triplica el bombeo diario, llegamos 4,8 TCF en 20 años, frente a los 6,1 TCF estimados por el ministerio; todo para consumo interno, incluyendo la petroquímica.
¿El contrato de Camisea sería revisado por el Congreso, es lo adecuado?
El Congreso es soberano. Sus investigaciones son legítimas, la revisión de los contratos ya es otra cosa, estos se respetan, si no se desalienta a la inversión. No sé que quiere renegociar el Gobierno cuando lo de LNG es un contrato entre privados.
¿En el futuro la energía en el Perú dependerá del gas?
Creo que ese es el debate de fondo que no se está dando en el Perú. Las centrales térmicas usan mucho el gas, muy rápido y muy barato. No hay incentivos a las plantas hidroeléctricas cuya energía es más económica aunque requieren mayor inversión y tiempo para operar. En el consumo doméstico de gas y en el vehicular falta mucho por hacer. No hay cultura de gas en el Perú. Pero debería potenciarse, es beneficioso para el crecimiento económico.
¿Por qué afirma que las centrales térmicas compran el gas 'superbarato'?
Realmente sí. Es un precio muy bajo. Hoy, en el mercado mundial, el millón de BTU (unidad de referencia) está a 11,8 dólares. Acá se les vende a 1,40 dólar. Esto hace que las térmicas no tengan ningún incentivo para hacer un uso eficiente de gas y el Ministerio de Energía y Minas no tiene una política al respecto. Si no corregimos esto nos puede pasar lo de Argentina y que en pocos años desaparezca nuestro gas por falta de un diseño adecuado. Se hacen esfuerzos para incrementar el consumo de gas vehicular y el residencial, pero en comparación con otros usos que se le puede dar es insignificante.
¿Qué otras opciones buenas hay?
En el esquema de operación el Estado no interviene. La instalación de una petroquímica puede dar un muy buen uso al gas. Pluspetrol, operador de los pozos, es el que negocia con los principales interesados en una petroquímica. Ya ha subastado 150 millones de pies cúbicos diarios y quedan por colocar un saldo de 50 millones de pies cúbicos.
¿Entonces, sí habrá una petroquímica?
En la petroquímica funciona un tema de escala, tiene que ser suficientemente grande. Es una industria muy sofisticada. Con un proceso relativamente simple se puede hacer úrea (con gas metano) o polietileno (con gas etano) para fabricar plásticos, un proceso más complejo. El más abundante es el metano, el etano viene en cantidades menores, de 2% y 5%. Pero en el caso del gas peruano es de 10%. Esto es excelente para el Perú. Por eso podríamos fomentar la industria más desarrollada de la petroquímica. Como han dicho algunos analistas, el Estado debería tener un rol más dinámico en fomentar esto. Recientemente la empresa brasileña Braskem ha mostrado su interés de industrializar el etano y exportar plásticos a Brasil. Sería magnífico, aunque tomará su tiempo.
Se tiene dos ofertas para construir un gasoducto para el sur. ¿Cuál es mejor?
Una oferta es la del grupo Kuntur que propone el gasoducto andino del sur. Pasaría por Cusco, Arequipa, Moquegua y llegaría hasta Tacna. La otra es la de la empresa Suez Energy, el gasoducto iría de Marcona hasta Ilo. Básicamente porque Suez tiene una planta en Marcona y está construyendo una planta de generación térmica en Ilo. Desde un punto de vista de rentabilidad social el primer proyecto es más tentador. Pero no se sabe cuál sería la demanda real de la zona.
¿Entonces, cómo se financiaría un proyecto de esta envergadura?
Eventualmente el Gobierno daría una garantía similar a TGP, pero subsiste la inquietud de cuán consistente será el consumo de gas. La propuesta de Suez cuenta con el respaldo de la empresa y es más simple de ejecutar.
¿Chile es una opción, entonces?
El Gobierno, a través del Ministerio de Energía y Minas, le ha solicitado a Repsol una carta en la que se compromete a no venderle a Chile. Eso me llama mucho la atención porque atenta contra la libertad de comercio, contra la modernidad. Este es un tema técnico, no político. Rusia, el principal productor de gas, le vende a Europa hace años y los gasoductos pasan por puntos sensibles. Dejemos de lado la ideología. El gas de Tarija, Bolivia está enterrado gracias al gobierno de Evo Morales, cuando se explote tendrá que salir por puerto peruano, pese a que el puerto chileno está más cerca, porque el Perú ya tiene la planta de licuefacción. Ahí el gas se enfría tanto que se vuelve líquido, se envía en barcos y luego se calienta para regasificarlo, convirtiéndolo en gas. Chile no construirá una planta de licuefacción para el gas boliviano, no se justifica económicamente. En toda la costa Pacífico hay dos plantas: en Alaska y en el Perú. Nuestra posición estratégica es inmejorable.
¿Qué ha hecho Chile?
Chile no quiere depender de nadie, por eso construye su planta de regasificación en Quintero. Si quiere comprarle a Indonesia le costará más, pero puede hacerlo. Es que Chile tuvo muy mala experiencia con Argentina. Esta le redujo a la quinta parte los envíos diarios de gas, por sus problemas de producción, cortándole una fuente de energía. Por eso Chile no quiere estar al vaivén de la situación de Argentina, Bolivia o Uruguay. Están dispuestos a pagar sobreprecio para prevenir su abastecimiento de energía. El 50% de la energía eléctrica de Chile es térmica, de gas o de diésel. Ahora usan este último y sus costos se han incrementado enormemente. Están en problemas serios de energía.