Pese a su rol vital como fuente de abastecimiento de agua para Lima, su uso agrícola y energético (existen en ella cinco centrales hidroeléctricas), la cuenca del Rímac es una de las más contaminadas del país y enfrenta serios problemas de degradación ambiental.
Anna Zucchetti, directora ejecutiva del Grupo de Emprendimientos Ambientales (GEA), plantea que Lima aprenda de la experiencia de Quito, donde desde el 2001 los usuarios realizan un pago por los servicios ambientales que producen las cuencas hídricas que abastecen de agua a la ciudad, a través de sus recibos de luz y agua potable. Este pago es canalizado a un fideicomiso como una herramienta financiera para el cuidado de las cuencas. Y lo más interesante es que no se han incrementado las tarifas. Con la cuenca del Rímac puede ocurrir algo similar. "Si no se realiza un manejo adecuado de la cadena productiva del agua, desde lo alto de la cuenca hasta la zona urbana, la ciudad no va a garantizarse agua fresca, continua y limpia", sostiene Carlos Amat y León, economista de la Universidad del Pacífico y ex ministro de Agricultura.
Esta y otras propuestas para recuperar la cuenca del Rímac pueden discutirse y promoverse hoy a través del Ministerio del Ambiente, que también tendrá participación en las políticas públicas sobre el agua. Para el presidente de Sedapal, Guillermo León, el manejo fragmentado (en diversos ministerios) del agua debe ser replanteado para que exista una verdadera Autoridad Autónoma del Agua en el país, con recursos y enfoques adecuados para cada cuenca.