El Gran Slam de Luis Horna, conseguido en la cancha principal de Roland Garros es, sin duda, la coronación de una trayectoria. Se suma a los títulos que el destacado tenista peruano ha acumulado en los últimos años en diversos escenarios internacionales, a fuerza de empuje, disciplina y perseverancia, y que ahora le permiten ser reconocido como el mejor doblista que ha tenido nuestro país.
Sin embargo, su consagración en esa especialidad del tenis junto al uruguayo Pablo Cuevas debería hacernos reflexionar sobre el futuro del deporte nacional y sobre la necesidad de apoyar a los potenciales genios que existen en el país. Son muchas las disciplinas que reclaman un punto de quiebre y mayor atención.
Los logros de Luis Horna, Sofía Mulanovich, entre otros, tienen que extenderse, pero para eso se requiere un cambio de timón que incluya nuevas dirigencias visionarias que revaloren los semilleros, los torneos escolares, los campeonatos y las divisiones de menores. Nuevas dirigencias que convoquen al Estado, a otras instituciones y a profesionales con sólida trayectoria ética y comprometidos con el deporte.