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EDITORIAL

Habrá más desarrollo con industrias culturales

Hoy, más que en ninguna otra época de su historia reciente, el Perú dispone de mayores recursos para la consolidación de las llamadas industrias culturales. Y no hablamos únicamente del Estado y su responsabilidad en la promoción de lo cultural, sino también de instituciones públicas y privadas que podrían contribuir al impulso de actividades que son básicas en el desarrollo del país.

Seguimos pensando que trascender al subdesarrollo solo es posible a través de la producción e industrialización de las materias primas y otras mercancías. Hemos subestimado que las naciones más avanzadas del mundo son las que invierten en el desarrollo de las capacidades de sus habitantes o de las nuevas tecnologías, porque, además de generar conocimiento y empleo de calidad, son un buen negocio.

Entre esos visionarios aparecen el Reino Unido, Estados Unidos y la India, que generan el 40% de los bienes y servicios culturales que se comercializan en el planeta. América Latina es el continente con la menor participación en el mercado mundial de las industrias culturales, excepto Brasil, Argentina, Colombia y Chile, que apostaron por ellas hace algunos años y hoy recogen los beneficios en su producto bruto interno.

El Perú está a la zaga. El aporte de las industrias culturales al PBI llega escasamente al 1% porque no se ha explotado la producción de bienes y servicios relacionados con la industria audiovisual, fonográfica, editorial ni la red multimedia de Internet. De otro lado, en materia de nuevas tecnologías, aún no hemos sabido canalizar la creatividad de los peruanos.

Disponemos de una buena legislación sobre derechos de autor, pero la piratería da cuenta de su incumplimiento; tampoco existe una política clara que promueva, desde el Estado, las industrias culturales ni canales para su difusión comercial.

Como han señalado expertos en nuestro Diario, el Estado tiene que procurar y garantizar el mecenazgo, por ejemplo, facilitar la deducción de impuestos, para que el sector privado financie actividades culturales que el Gobierno no desarrollará. En segundo lugar, el Gobierno debe revalorar el aporte económico de las políticas que promueven lo cultural y, finalmente, una participación mayor del INC en el tema, para que asuma la promoción y seguimiento de más industrias culturales.

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