Por: Juan Paredes Castro |
Después del boicot de las reformas constitucionales por parte del Apra y del humalismo, el Congreso, en físico y en contenido, sigue allí donde lo dejamos ayer.
En un poco más de un mes elegirá su nueva junta directiva. Luego iniciará la legislatura siguiente. Y una vez más nos habremos acostumbrado a él, como el mal necesario de siempre.
En sus disculpas expresadas en el plenario de clausura de la última legislatura, Luis Gonzales Posada habló más por él que por el Congreso mismo. No creemos que lo haya hecho tampoco por su partido, el Apra, cuyas facciones en disputa prematura por la presidencia convirtieron los acuerdos consensuados a favor de algunas reformas constitucionales en poco menos que alfombras para limpiarse los pies.
Entretanto no descartamos la difícil posibilidad de una reflexiva procesión por dentro en los grupos políticos representados en el Congreso, precisamente en dirección de ya no ofrecerle al país más de lo mismo, sino por lo menos un mínimo compromiso de conducta decente y responsable frente a la agenda legislativa.
No estamos diciendo con esto que el Congreso sea capaz de presentarnos a la vuelta de la esquina una cara distinta y superior y un compromiso de moral y eficiencia a toda prueba.
Estamos abrigando sencillamente la esperanza de que quienes dicen representarnos en el llamado primer poder del Estado rectifiquen la matonería con que echaron a perder dos debates convocados por temas de reforma constitucional y con que cínicamente prefirieron ventilar discrepancias que no estaban en la agenda.
Lo menos que podemos demandar los electores de estos señores investidos de poderes e inmunidades es un comportamiento decente y responsable básico en sus cargos, aunque no podamos reclamarles, con las excepciones del caso, dos dedos de frente y coeficiente ni una catadura moral que no están en condiciones de ofrecer.
A partir de este comportamiento decente y responsable será más sencillo para la opinión pública saber quién es quién en cada grupo político y en el Congreso y quién es quién inclusive al calor de las batallas partidarias, que es donde debe darse el aprendizaje de la democracia y la tolerancia, dos valores harto devaluados en nuestra vida política.
Veamos cómo vienen los próximos días, si con un Congreso dispuesto a borrar la oscura página de esta semana o premunido de nuevas máscaras para la siguiente ópera bufa a la que tengamos que asistir.