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Las barbas en remojo y más

Rincón del autor. El escándalo político, la incapacidad de valorar los éxitos nacionales en la economía y la indiferencia del pueblo pueden llevarnos a situaciones antidemocráticas

Por Hugo Guerra

Estoico lector, no es justo que cuando el Perú empieza a convertirse en paradigma regional de desarrollo, el Congreso termine a capotazos su legislatura por saboteo del humalismo y un puñado de apristas retrógrados.

Desde hace ocho años se ha instalado la dicotomía de "lo político" versus "lo económico". Así, mientras se profundiza la apatía en torno a la gestión del Estado, el interés se centra cada vez más en la evolución del aparato productivo.

Hoy, según la IV Encuesta Anual sobre Medios de Comunicación y Política de la Universidad de Lima (junio 2008, Capital y Callao), a un apabullante 42,9% no le interesan los temas políticos, lo cual es preocupante porque la estabilidad se logra con la generación de ciudadanía. Solo cuando el pueblo asume su rol protagónico puede defender un sistema libre que sigue siendo poco apreciado, como lo demuestra un 92,1% que dice estar poco o nada satisfecho con la democracia.

En consecuencia, quienes sostienen cínicamente "qué bien que los políticos no metan las narices en la economía" debieran poner las barbas en remojo.

También deben hacerlo aquellos políticos que no entienden a una opinión pública que los desprecia, como puede advertirse en el bajísimo aprecio tanto a los partidos como a un Parlamento donde buenas presidencias recientes (de Mercedes Cabanillas y Luis Gonzales Posada) poco pueden hacer para devolver al orden a una mayoría de congresistas inexpertos, muchas veces ineptos y con frecuencia carentes de decencia.

El humalismo, por ejemplo, en esta legislatura ha traicionado a sus electores (caso de las utilidades mineras), y ha petardeado la reforma constitucional que el país exige a gritos. Lo mismo hicieron algunos apristas perdidos en el tiempo, que quieren restablecer una Constitución del 79 ahora inviable porque fue diseñada para un país que ya no existe.

Paradójicamente esos izquierdistas propician la autopercepción ciudadana de pertenecer a una 'derecha', que ahora transita por un llamativo 37,1%

Por su parte la oposición mesurada, salvo honrosísimas excepciones, peca de equivalente incapacidad para articular propuestas coherentes. ¡Allí está el disparate de quien, por salir al paso de las críticas, toma banderas de un izquierdismo discursivo que nada tiene que ver con la auténtica tradición socialcristiana!

En cuanto a la prensa, buen lector, es cierto que ocupa el papel opositor; pero, otra vez salvo poquísimas excepciones, lo hace a punta de titulares, sin propuestas editoriales sólidas. Cuidado con eso, porque que un 27,8% considera que el peor problema de la prensa es la corrupción, mientras 15,9% critica la baja calidad de los contenidos y 19,5% rechaza el bajo nivel profesional de los periodistas.

Por tanto, mientras las clases política y mediática se solazan en la mediocridad de su día a día, el pueblo se divorcia más del Perú oficial, esperanzado en que el 'boom' económico le llegue. ¿Pero qué pasaría si la crisis internacional genera una recesión abrupta? ¿Ese 25% que hoy no sabe si prefiere la democracia o la dictadura, terminaría favoreciendo soluciones radicales?

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