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LA SEMANA QUE PASÓ

El alcalde y la policía

Por Pedro Ortiz Bisso

Cuando Los Malditos de Larcomar fueron capturados --tras "un trabajo conjunto entre el serenazgo de Miraflores y la Policía Nacional", según la nota difundida por la oficina de prensa de ese distrito--, el alcalde Manuel Masías no demoró en acercarse a la comisaría y avalar con su presencia dicha captura. Allí estuvo, presto para los flashes y las cámaras de televisión, a fin de demostrarle a sus vecinos que una de sus principales preocupaciones era acabar con la delincuencia en su jurisdicción.

Lo contrario ocurrió luego de comprobarse que Los Malditos de Larcomar no eran ni siquiera malitos. El burgomaestre se quitó el traje de jefe de seguridad ciudadana miraflorino y se disfrazó de malabarista. El último viernes ensayó mil y una piruetas verbales para tratar de explicar lo inexplicable, y en ese triste afán solo consiguió perpetrar un papelón monumental que hubiera atenuado con un simple "disculpen, me equivoqué".

Con el objetivo de mostrar a la población su supuesta eficiencia y rapidez de reacción, la policía había encarcelado a cuatro jóvenes sin motivo punible y, de acuerdo con diversos indicios, sesgada por cuestiones raciales. Lamentablemente, los casos de inocentes presos empiezan a ser recurrentes. Los dos conductores que permanecen en prisión ya casi un mes, acusados de haber causado la muerte de una escolta policial durante la Cumbre ALC-CUE, parece ser parte de esa lista que continúa engordando sin remedio.

Por más que algunos se empeñen en negarlo, Lima es una ciudad altamente insegura. Y la policía y los serenos no están cumpliendo eficientemente su labor. El efecto mediático de estas capturas 'express' se transforma en indignación cuando se descubre que los supuestos delincuentes son inocentes ciudadanos que tuvieron la desgracia de toparse con policías ansiosos por ganar puntos ante sus jefes. Y la situación se agrava más, cuando con el objetivo de ganar algunos titulares y espacios en los noticieros, ciertas autoridades avalan estas detenciones y después no son capaces de reconocer su error.

Con el honor de la gente, no se juega. Que la policía y las autoridades lo tengan claro la próxima vez.

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